jueves, 1 de julio de 2010

123. El Móvil


No cabe duda de que este aparato del Diablo ha revolucionado tanto el panorama de las telecomunicaciones como las relaciones sociales de nuestros días. De hecho, son pocos o ninguno los que no han sucumbido a sus cantos de sirena.

Existen probablemente tantos usuarios como aparatos e incluso los hay que tienen varios terminales por cabeza: el familiar, el del trabajo, el de la amante, amanto o amanta… ¡Trastorno de personalidad podría diagnosticarse en estos casos de poligamia telefónica!

Un acólito del aparato en cuestión es sin duda el adolescente, quien lo lleva adherido como si de un apéndice de su cuerpo se tratase para darle más usos que los que ofrece una navaja suiza: despertador, reloj, calculadora, agenda, reproductor audiovisual, cámara de fotos, cámara de vídeo, consola de videojuegos, cronómetro, conversor de pesos, medidas y divisas, internet… Vamos que si me apuras hasta te fríe el beicon para el bocadillo del recreo y/o le mete mano por ti a la novia/al novio si andas con la libido bajo mínimos.

Me encanta sobremanera el que lo tiene y no lo usa; pero como se lo regalaron los nietos lo luce orgulloso haya donde vaya. En el centro de día, en el autobús, en el mercado, en la cola de administración de loterías mientras echa la Primitiva. Es curioso cómo chequea insistentemente las llamadas no recibidas y la bandeja en la que jamás entran mensajes. Bueno miento, de vez en cuando los del servicio de atención al cliente de su compañía se ponen en contacto con él para recordarle que o consume y recarga echando hostias, o le dan de baja la línea.

Peculiar como ninguno resulta también el de la pija. Última generación, megatuneado, dentro de una fundita adquirida en la sección de marroquinería de El Corte Inglés y con más entradas en la sección de contactos que las páginas amarillas. La pija vive por y para su cosita. Duerme con el móvil, come con el móvil, caga con el móvil, va al gimnasio con el móvil, pasea por los centros comerciales con el móvil. Habitual también es que salga a cenar con las amigas y apenas les dirija la palabra, pues perpetuamente enganchada a su celular, más pareciera interesarle la conversación de la que, al otro lado del aparato, le narra las beldades de la manicura francesa y de las ingles brasileñas. ¡Qué puta manía la de empeñarnos en hablar con los que están lejos pudiendo hacerlo con los que están cerca! Eso sí, todo hay que decirlo y reconocerlo en esta viña del Señor: el aparatito de marras viene de perlas para hacer la pantomima de que hablas con alguien cuando se te adoba algún indeseable con la firme intención de darte la real brasa.

Pero sin duda alguna, de cuantos propietarios de móvil pueblan la faz de la tierra, me quedo con el clásico currele. Este acostumbra a portarlo a la cintura, como el revólver, inmerso en una funda cuarteada de los chinos que le regaló su parienta para el Día del Padre junto con la versión 7.0 de Varón Dandy. El aparatito en cuestión sobresale por sus golpes varios y los restos de un sinfín de materiales de construcción que le aportan unas sugerentes notas de color: blanco pintura, amarillo serrín y naranja ladrillo jamás pueden faltar en los de pura cepa. Suele emplearlo a grito tendido y pelado, cual cabrero llamando a sus bestias, como si todos sus interlocutores abrazasen la fe de la Virgen de la Trompetilla o del Cristo del Sonotone. No puede faltar tampoco que recurra a su utilización para brindarle a su receptor mensajes del tipo: “¡llego en 5 minutos!”. Cojones, si llegas en 5 minutos no llames. Todavía si te vas a retrasar 5 horas. Pero lo que sin duda distingue a un usuario cañí es la forma en la que responde cuando lo llaman, pues aún estando habilitado el servicio de identificación de llamadas que tanto misterio ha restado a nuestras vidas, el currele sigue cogiendo el teléfono con un atronador al tiempo que palmario: “¿Quién?”.

Almasy©

Little Richard: "Tutti Frutti"


1 comentarios:

bumas dijo...

Hola Jaime!!
¿Qué tal te va?
Ya he visto tu entrevista en lo de Distrito Joven, a este paso te nos haces famoso! jajaja
Hace poco nos pasamos por el insti a recoger el título de Bachiller pero solo vimos a Victoria!

Un abrazo!
Celia.

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