sábado, 8 de octubre de 2016

265. Recursos humanos


-¿Por qué usted y no el anterior o el posterior? Dígame algo que le haga único. Y no me refiero a su experiencia profesional previa, ni a su currículum. Basta ya de todo ese apartado. Quiero algo que marque la diferencia. Intangible si me apura. O cuando menos que no pueda medirse con cifras. Necesito algo que me haga confiar en usted más que en ningún otro de los que ya se han sentado en esa silla y más que en cualquiera de los que restan por sentarse. 

-Porque pienso dejarme la vida aquí. Créame que no estoy orgulloso de esta condición, pero es la que circula por mis venas. Todo culpa de mis padres, ya sabe. Solo sabían trabajar. Tenían la mirada de las mulas que agachan la cabeza y tiran del arado, ¿me entiende? Crecí viéndolos apretar los dientes, caer y levantarse. Sin rechistar, sin un mal gesto, sin una mala palabra. 

Porque no voy a mentirle. Y no me refiero a esos tipos recalcitrantes que se vanaglorian de ser como son y de decir siempre lo que piensan. La verdad está sobrevalorada y con frecuencia es maleducada, no respeta las formas, ni las convenciones sociales. Yo tengo la nariz grande, si se ha fijado, pero no entendería que ningún estúpido me lo recordase apelando a su sinceridad. Me refiero más bien a que no sería capaz de mentirle en algo que verdaderamente fuese importante. A buen seguro que tampoco podría confesarle lo que pienso, soy discreto y convivo con el miedo a perder mi empleo; pero mis ojos me delatarían. Se volverían inquietos, parpadeantes. Mis manos comenzarían a temblar y en apenas unos segundos el sudor llamaría a mi puerta. 

Porque sé obedecer. Nuevamente responsabilidad de mis padres, supongo. Pero créame que yo no lo entiendo como ningún acto de sumisión. Creo que sé reconocer a un buen líder y seguirlo hasta las últimas consecuencias. Tengo mi orgullo, claro está, pero no me importa dejarme guiar. La mayoría de las personas creen que el liderazgo forma parte de su ADN. Ya habrá visto que entre mi formación he estado en contacto con este tema. Sin embargo, siempre echo en falta cursos no tanto para saber liderar como para saber dejarse liderar. No es fácil tampoco. De hecho lo considero ciertamente complicado. Tomar conciencia de que alguien es más capaz que tú, tiene ideas más brillantes, gestiona mejor las avalanchas de problemas. En general solemos resistirnos a asumir que alguien es mejor que nosotros y que nuestro verdadero aprendizaje pasa por permitir crecer a su sombra. Llámelo orgullo, complejos, egocentrismo o como desee; pero no me negará que es así.

Porque sé guardar un secreto y jamás traiciono una promesa. No soy esos tipos que se ponen el traje de confesores para acabar cediendo a las primeras de cambio: "Es un secreto que me confiaron; pero te lo cuento con la condición de que no se lo cuentes a nadie". Siempre tienen en los labios frases de este tipo, ¿verdad? Y en cuanto a las promesas, no me refiero a que esté en disposición de cumplir todas cuantas formulo. Es evidente que en no pocas ocasiones prometemos cosas que no están a nuestro alcance; pero bien le digo que si existe la más mínima posibilidad de hacerlas cumplir sencillamente lo haré.

Porque a pesar de todas mis actualizaciones conservo valores de la vieja usanza. Pido las cosas por favor, doy las gracias, estrecho la mano con firmeza cuando conozco a alguien, abrazo hasta las últimas consecuencias, soy puntual, miro a los ojos, sigo pensando que el mejor contrato es la palabra del otro y devuelvo el cambio de más que me dan en el supermercado simple y llanamente porque no quiero nada que no sea mío. 


Almasy©




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