jueves, 8 de julio de 2010

124. Las cosas, cosas son


Al hilo de una experiencia teatral en la que me he visto necesitado de un espacio en el que representar un trabajo me he topado con una serie de trabas administrativas que en la mayoría de los casos han ido en una misma línea: “no te podemos dejar un teatro”. Que si es muy caro, que si está demasiado nuevo, que si es excesivamente sofisticado para tu mierda de espectáculo, que si quién cojones te crees que eres para pedirnos un teatro. Voy a omitir nombres de personas e instituciones porque no viene al caso y seguramente me enfangaría en el tenebroso e inquietante territorio de la política, cosa que me he propuesto evitar sí o también. Por salud mental, por ganas de tener la fiesta en paz y por esquivar que mi nombre figure en una lista negra de esas que te pasan factura de aquí a la eternidad. En la última que he aparecido ha sido en la de candidatos a reducirles el sueldo un 7 %.

Pero sí quería utilizar esta anécdota personal que finalmente tuvo un final medio feliz –algún día les narraré el porqué de lo de “medio”– para reivindicar que las cosas son solo cosas y para lo único que sirven es para ser utilizadas con la finalidad de satisfacer algunas de nuestras necesidades. Así, un teatro, tan solo encuentra su ser y estar cuando sobre sus tablas se disponen una tropa de artistas con la firme intención de que un patio de butacas repleto de gentío disfrute con su propuesta, la abucheé o decida quedarse indiferente ante la misma. Los teatros vacíos no sirven para nada. De hecho, esta opción me recuerda a esos propietarios de una vivienda que limitan la utilización de su salón para las visitas. El resto del tiempo solo admiran el habitáculo que poseen dentro de su hogar como si de un Museo de la Vivienda se tratase. Y ese pedazo de sofá de piel ahí, muerto de risa, limitado a que esporádicamente alguien ajeno repose sus nalgas sobre él y acierte a derramar la taza de café sobre los aterciopelados cojines que lo adornan. Tantos cuidados y privaciones para que un torpe mamón que ni siquiera es de la casa tire por tierra de un plumazo las ingentes restricciones de sus poseedores. Manda huevos.

La situación me recuerda también a las atrocidades que cometemos con determinados monumentos artísticos alegando que pretendemos conservarlos. No tuve la suerte de conocerlo, pero así a bote pronto se me ocurre que si Miguel Ángel viese hoy su “David” encerrado a cal y canto en una urna del Museo de la Academia, se arrancaría a lágrima viva. El genial Bounarrotti lo esculpió para que fuese admirado en la florentina Piazza della Signoria y nosotros, pasándonos por el forro los deseos del artista, lo enclaustramos tras unos muros acristalados con la excusa de que tenemos que conservarlo más tiempo. ¿Cuánto más?

Tampoco crean que insto al respetable a tratar las cosas a batacazo y hostia tendidos. Sin prestarle el menor cuidado y atención a su correcta utilización. O que estoy lanzando un llamamiento a cometer atentados contra obras de arte como el de mearse literalmente en el urinario que Duchamp ideó para la Gran Galería Central de Nueva York en 1917; pero en ocasiones nuestros supuestos anhelos conservacionistas para con dichas cosas provocan situaciones tan rocambolescas como incomprensibles. Que nos obcequemos en cuidar nuestro entorno medioambiental es tan admisible como necesario, pues si el escenario natural toca a su fin este cotarro que llamamos vida se va al garete. Que se irá. Empero, tocante a espacios y achiperres de manufactura humana entiendo que debemos ser algo menos histéricos y permitir que estos cumplan las funciones para las que fueron concebidos. Nada más triste que un teatro o un sofá para único uso y disfrute de las visitas. Créanme.

Almasy©

CARLOS SANTANA: "Oye como va"


1 comentarios:

Alicia Martínez dijo...

Supongo que tiene que ver con vivir las cosas o vivir de las cosas... Viviendo las cosas, éstas se gastan, se estropean, se ensucian, se ajan... Viviendo de las cosas... En fin.

Como los camisones de las madres. Siempre el más bonito, guardado. Por si "les pasa algo"...

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