jueves, 9 de junio de 2011

161. El Aconsejador

La presente entrega bien podría haber llevado por título otros algo menos diplomáticos y políticamente correctos del tipo “¿Por qué no te callas?”, que amén de indicado es muy patriótico, o “Si metieses la lengua en el culo cuanto ganaría la humanidad”. Básicamente porque los protagonistas de hoy son todos esos seres que regalan al personal consejos gratuitos o predicciones no necesariamente meteorológicas que nadie les ha pedido.

Empezaré refiriéndome a los lugares donde con frecuencia acaecen los hechos, que no suelen ser otros que emplazamientos donde el azar o la obligación te empujan inexorablemente a toparte con el … (redoble de tambor), llamémoslo así a partir de este instante, … Aconsejador. Un ascensor, el portal de tu urbanización, la parada del autobús, la sala de espera de un consultorio médico, la cola que conduce a la caja donde abonas la compra en el supermercado o la sede de alguna institución en la que se vaya a celebrar un examen. En estas plazas el Aconsejador, me van a permitir que abuse del masculino genérico entendiendo que el personaje en cuestión puede ser “Él” o “Ella” en igualdad de condiciones –faltaría más–, se siente como pez en el agua para acechar a su víctima y regalarle lo que ha venido a decir. El figura en cuestión además da un notable salto de calidad frente al no menos tradicional Comentarista de la realidad a secas, que solo se atreve a pronunciar sentencias del tipo “Vaya día hace hoy, se ha puesto fresco”, “¡Qué vergüenza! Esto con Franco no pasaba” o “Pues han dicho que la cosa se va a poner peor”. No, el Aconsejador va más allá y no se limita a dar el parte de guerra, sino que ofrece su dictamen lapidario para uso y disfrute de quien corresponda acompañado de alguna ingeniosa solución final no exenta de artes adivinatorias.

Presa fácil eres si te ven aparecer con un carrito de bebé. Además, y aunque solo sea porque vas con equipaje de ruedas, tampoco puedes huir raudo de sus zarpas, teniendo que sucumbir entonces a sus sabios consejos sí o también. Habituales son entonces los “¡Qué rica la niña! Disfrútala ahora que puedes, que cuando te quieras dar cuenta te viene con el novio a casa”. Es curiosa la fugaz concepción del tiempo que nos presenta en sociedad el Aconsejador, porque por las mismas te dan ganas de soltarle algo del tipo: “Ya, y para entonces tú a lo mejor estás muerto”. Otros van más allá y precisan interrogarte previamente para seleccionar su veredicto: “¿Te duerme bien? ¿No? Eso es porque la tienes muy mimada. Tú déjala llorar un par de horas ya verás como se calla”. ¡Antológicos estos tipos que mezclan la pedagogía infantil con el adiestramiento canino! Y como además pulula por ahí una publicación con estas tesis titulada Duérmete niño los bocachanclas de turno rematan diciendo: “Que no lo digo yo, que lo he leído en un libro”. “Palabra de Dios, te alabamos Señor. Te digo más, la próxima vez que llore, le meto cuatro coces bien dadas en el cielo de la boca para que llore por algo”, te dan ganas de concluir a fin de zafarte de sus lecciones.

Comunes son también sus laudos en la sala de espera del médico, donde te diagnostican tu padecimiento y te aportan el remedio infalible para su curación sin necesidad de ingresar en consulta con el galeno. “Eso va a ser de los nervios, que se te agarran al duodeno previo paso por la vesícula y te repercuten en la próstata aguijoneándola cual avispas, que a mi primo ya le pasó y era eso, y hasta que no se lo extirparon todo de raíz no hubo tu tía”. ¡Qué gran médico se perdió por el camino! ¡O en su defecto un potencial guionista de House! Y no menos frecuentes aguardando cola en algún comercio o institución oficial. “Esto está muy mal organizado. Habría que poner cajas para cobrar a los que tenemos prisa y cajas para los que no”. ¡Ingeniero de obras públicas fetén y/o Consejero-Jefe de Logísticos Sin Fronteras cuando menos! No muy lejos por otra parte de los que a buen seguro se habrán encontrado en los prolegómenos a la celebración de algún examen, en los que el sujeto en cuestión se habrá dirigido en los siguientes términos: “¿Has estudiado? Yo no me he estudiado más que el tema 47 porque estoy convencido de que va a caer este”; a lo que como poco te apetecería responder: “Anda bonito, entonces dejémonos de exámenes y dile a ese futurólogo que mora en tu interior que te revele la combinación ganadora de la primitiva del jueves o del sábado, me es indiferente el día”.

Todas las profesiones tienen el suyo, así como las comunidades de vecinos, en todos los círculos de amigos habita uno entre nosotros, no hay familia que no cuente entre sus miembros con un personaje como el que les refiero. Si se los encuentra, huya presto. Tal vez esté a tiempo.

Almasy©



VETUSTA MORLA: "Los días raros"

2 comentarios:

Isabel dijo...

Echaba de menos leerte y despejarme, reirme, sonreír con tus sabías palabras. Qué razón tienes, y cada día parece que hay más o los que ya había se levantan cada día con las pilas cargas para lanzarnos sus consejos cuando menos lo esperamos o los deseamos.
Por último gran canción, este nuevo disco me tiene embobada.
Un saludo y un abrazo enorme

Patricia dijo...

"estos tipos que mezclan la pedagogía infantil con el adiestramiento canino" jajaja genial. Una frase para enmarcarla.

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