jueves, 20 de mayo de 2010

117. Instrucciones para suicidarse


Los dioses de todos los credos habidos y por haber me libren de querer instigar con la entrega de hoy a que se quiten la vida mis queridos bitacoreros. Resulta simplemente la entrada en cuestión un sincero y modesto homenaje a Julio Cortázar y sus “Instrucciones para subir una escalera”, amén de mi particular obsesión porque las cosas se hagan bien, rotundas y sin ambages. Incluso suicidarse.

El primer paso es tenerlo claro. Distinguir que no se trata de un calentón temporal, sino que se tiene la verdadera certeza y convicción de que uno quiere que se lo lleve la parca. Básicamente recomiendo una extrema lucidez porque la decisión en cuestión no conoce vuelta atrás, ergo conviene disponerse a la tarea solo si se está mayormente seguro. Para alumbrar la más sabia de las decisiones resulta harto aconsejable repasar desengaños amorosos, problemas familiares y situación económica, pues son tres pilares que no suelen fallar a la hora de orientar nuestra resolución.

El segundo paso es tener cojones, ovarios u otros atributos similares. En fino: coraje de pura cepa, pues difiero de los que tachan de cobardes a los que optan por quitarse la vida. No encuentro acción alguna que requiera de mayor valentía que la de obrar contra uno mismo de forma tan contundente y definitiva.

Seguidamente, con la claridad y la gallardía pululando en el ambiente, pasaríamos a decantarnos por un método u otro con el que cercenar nuestra existencia terrenal. Aquí, como en cualquier otra actividad de las que desempeña el ser humano, los hay artistas, cumplidores, mediocres y hasta inútiles de primer grado. Estos últimos son aquellos que ni queriendo consiguen llevar a buen puerto su cometido. Que si se les rompe la soga, que si las pastillas lo dejan tonto pero no lo rematan o que se lanzó de un séptimo piso con la poca fortuna de que tuvo que pasar a tal tiempo un camión acarreando colchones inflables. Ya es mala suerte y sobre todo mal tino. ¡Malditos aficionados!

Por último y antes del arreón mortal, corresponde hacer un repaso final de que se porta todo lo necesario: motivos, arrojo y un método eficaz con el que quitarnos de en medio. Algo parecido a cuando salimos de casa echando mano al bolso para comprobar que llevamos las llaves, el móvil y la cartera. O a cuando hacemos la maleta y revisamos cuidadosamente que no nos falte nada de lo que se supone que vamos a necesitar. En este estadio insto sobremanera a que antes de proceder recapaciten unos instantes sobre la siguiente cuestión: ¿han oído hablar alguna vez de suicidio en Etiopía? ¿O en Somalia? Me juego un par de meninges y medio riñón derecho a que no. Y es que el suicidio es un lujo reservado al primer mundo. Como las enfermedades mentales. Cuando se amanece teniendo serias dudas de si se alcanzará con vida el ocaso no se le pasan a uno por la cabeza semejantes tentaciones. En esos casos uno solo se centra en qué llevarse a la boca y en esbozar una sonrisa que pudiera ser la última. ¿Verdad o mentira?

Almasy©

SEX PISTOLS: "Anarchy in the UK"


3 comentarios:

Adrián F. Vellé dijo...

La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados.

-El club de la lucha

Y es que tienes razón, es un lujo para el primer mundo.

María dijo...

Sí, es un lujo del primer mundo. Estamos acostumbrados a tener las necesidades básicas cubiertas y a ver qué más quiero, qué tiene el vecino y yo no, a la envidia, que es muy mala,... Estoy de acuerdo en que es más de "valientes" que de "cobardes", pero mejor no pensarlo... no vaya a ser que se nos ocurra.

MARIA dijo...

VERDAD!!! Tu prima

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