jueves, 13 de mayo de 2010

116. De lo escatológico

NOTA ACLARATORIA PREVIA: La entrada de hoy es un escrito que presenté hace años a un concurso de guiones para los monólogos de “El Club de la Comedia”. De ahí las acotaciones en cursiva para marcar las pausas y gestos que le sugería al posible monologuista. No fui seleccionado. Además, quisiera matizar que su contenido no es autobiográfico, que uno es un señor pulcro y limpio como el jaspe. He dicho.

Dicen los paisanos sabios que hablando de mierda, la risa en casa. Y créanme, es verdad. Así que siguiendo sus consejos, voy a hablarles de lo escatológico en nuestra vida cotidiana, y más concretamente entre los machos, que son en este caso la prueba de que tal vez descendamos del puerco y no del mono. Sí, y no me da reparo reconocerlo. Porque ¿qué hombre no se ha echado una meadita en la ducha? Estás agobiado del duro día, llegas a casa, te diriges al baño, te desnudas, te enjabonas y mientras de aclaras, piiiiiiiisssssssss, ¡qué gloria!; pero claro, una puercada. Y ¿quién no ha ido a casa de un colega y se orinado fuera y ha pingado la taza y todo el suelo? Luego lo peor es no tener papel para limpiarlo, porque si se lo pides al anfitrión encima parece que has ido a giñar, y por ahí ya no paso, porque uno es puerco, pero no es el “Puerco”. Así que nada, como no hay papel y tampoco llevas un klínex, pues ¿qué te queda?: (pausa para que el público cavile)… ¡La toallita de los pies que se utiliza al salir de la bañera! Lo malo es cuando al cabo de una semana tú colega te comenta que le han salido hongos en los pies y entonces no sabes dónde meterte.

Aunque para vergüenza la que se pasa de verdad con el típico amiguete gracioso que te invita a casa y para dejarte en ridículo delante de sus padres, suelta eso de “mamá, sólo venimos un momentito, que es que Jaime se está haciendo caca”. Y no te queda otra que tragar, porque si entras en desmentidos, entonces el marrón, (pausa), el marrón (pausa), es mucho mayor.

Y ya el corte más monumental es cuando verdaderamente te estás haciendo popó, como dice mi amigo Borja Mari, y tienes que meterte en un bar a dejar el pastel. Y claro, uno tiene un pudor y no vas a entrar esprintando y tirarte directamente al wáter y que al salir te nombren cliente cagón del mes, así que aprietas el culo y con cara pálida te acercas a la barra y pides un cafetito. Por supuesto ni lo pruebas, porque entonces aceleras el proceso de vaciado. Miras al camarero, la barra, el palillero, el servilletero, la bufanda del Atleti que cuelga de la pared y sudas, ante todo sudas. Finalmente al cabo de los cinco minutos más largos de tu vida, preguntas muy bajito al camarero: “por favor, ¿los aseos?” y es importante decir “aseos” para que piensen que vas a lavarte las manos, o a retocarte el peinado, vamos cualquier cosa suavecita que no suene a sacar la leña al patio, a descomer, a tirar de pantalón. Casi siempre están escondidos “abajo a la izquierda” o “abajo a la derecha”, lo que viene muy bien para ocultar mejor el cuerpo del delito. Te deslizas sutilmente para no descargar prematuramente y entras como si atravesaras las puertas del mismísimo Paraíso. Si el apretón es de los gordos, pasas de si está limpito o no el servicio, sólo quieres un agujero, agujero, agujero, repite tu mente. Si el apretón sólo es medio y aquello es una pocilga, procuras no tocar nada, te quitas totalmente el pantalón y repito, te lo quitas totalmente porque si no nunca se sabe dónde puede acabar la cosa y te subes encima de la taza para que tus nalgas no toquen nada. Difícil postura porque además, si coincide que es invierno, tienes al mismo tiempo que sujetar el abrigo y la puerta, porque el pestillo siempre está estropeado en estos casos. Finalmente, descargas la mercancía y entonces vuelven los sudores: ¡no hay papel! ¡el dichoso papel! Y te juras entonces no volver a mirar mal a los rumanos que te venden klínex en los semáforos, y pides a Dios que en ese momento suene una voz de Europa del este que entre en el servicio diciendo: “tres paquetes 1 euro”. O que se deslice por debajo de la puerta correteando el perrito de Scottex con ese pedazo de rollo infinito en su boca. Pero nada, que no. ¿Qué haces entonces? Tienes dos opciones: o esperas a que entre alguien al que pedirle papel y se entere de que has ido a hacer popó, que aunque se lo huela (pausa señalándote la nariz), nunca quieres que se sepa abiertamente, o te olvidas de todo y tiras del pantalón para arriba confiando en tu detergente habitual. Les dejo a ustedes la elección (y sales corriendo sujetándote el culo simulando que contienes un apretón).

Almasy©





TOM JONES: "It´s not unusual"

1 comentarios:

MARIA dijo...

¡REAL COMO LA VIDA MISMA! (Y alguna cosita màs que se te quedò en el tintero) Besos de tu prima

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