martes, 17 de mayo de 2016

247. Ego


Yo no tengo una personalidad; yo soy un cóctel, un conglomerado, una manifestación de personalidades. Yo no soy yo y mis circunstancias. Yo soy yo y mis contradicciones. Muchas, sin duda. Tal vez demasiadas.

Los lunes mi mano derecha desconoce los avatares de la izquierda y viceversa. De hecho, me atrevería a afirmar que ambas piensan que soy manco de su contraria.

Los martes soy ajeno al agua caliente y siento que jamás probé la fría. Me limito a zambullirme en el agua tibia, poco profunda. Clara, aparentemente segura. Sin alimañas ni recovecos a la vista.

Los miércoles solo me da por arrimarme al sol que más calienta. Y lo exprimo. Hasta el último rayo. Y entonces cambio de sol. Asumo sin complejos pero también sin orgullos innecesarios que soy un ser despreciable. Interesado. Egoísta. Sin principios. Sin valores. No conozco la moral. No conozco la ética. No abrazo ideología alguna. O mejor: las abrazo todas y ninguna a un tiempo. Entiendo perfectamente el rechazo que genero. Comprendo que se me deteste, que se insista en mantenerme alejado.

Los jueves son para la poesía. La escribo, la canto, la bailo, la dibujo y hasta la moldeo. La saco a pasear y dejo que se impregne por cada esquina. La engullo masticándola despacito. Saboreando cada verso como si fuera el último. Me gustan especialmente los versos que me repiten. Aquellos que regurgitan toda la tarde hasta quemarme la garganta.

Los viernes ni siento ni padezco. Languidezco. Vago triste. Vago solo. Respiro a base de desalientos y me torturo repitiéndome que soy el resultado de un cúmulo de traiciones, fracasos, infortunios, desamores y mentiras. Apenas hacen acto de presencia las lágrimas, eso sí. Fueron tantas que ya quedan pocas y deciden reservarse para las grandes ocasiones.

Los sábados bebo tus vientos en copa de cristal de Bohemia. Sí, sí, los tuyos. No mires para otro lado, morenita. Sí, tú, la del cabello ondulado a la que se le entrecorta el saludo cada vez que me ve. Tú te entrecortas. Yo me entrecorto. Nosotros nos entrecortamos. ¡Pena haya solo un sábado a la semana!

Los domingos me como el mundo. Literal. En apenas un instante me bullen los proyectos. Encajo piezas. Lidero hordas que me aclaman. Subo, bajo. Maquino, construyo, derribo y vuelvo a maquinar. Ahora aquí, al minuto allí no sin antes pasar por acá, por allá, por quién sabe dónde. Ego.


ADELLE: "Hello"

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