viernes, 20 de mayo de 2011

158. A mis tutorandos de 2º bachillerato D


(Discurso de despedida el día de entrega de las notas, 20 de mayo de 2011)

Van a cumplirse dos años de vuestro aterrizaje en el Rayuela. ¡Dioses y Diablos, cómo pasa el tiempo! Atracasteis en puerto inquietos, desbordantes, con una sonrisa en los labios y lágrimas en los ojos. Porque otra cosa no, pero llorar, lloráis un rato. A todas horas incluso. Bien es cierto que sobraban los motivos, pues no pocos de vosotros llegasteis después de librar una dura batalla con los de arriba para que se reconociesen vuestros derechos. Esos que rezan que un alumno puede estudiar lo que quiera. Porque le interese, porque le apasione, porque le dé la real gana, porque, como les duele la boca de decir a los de arriba, simplemente tiene derecho. Me atrevo a aventurar que el pulso os lo echaron pensando que no erais sino titiriteros caprichosos y desorientados a los que sería fácil vencer y convencer; pero lo cierto es que no sabían con quién se jugaban los cuartos. Se toparon con cuerpos y mentes un tantito alocados, potencia sin control que dice el anuncio, pero con ganas de ir hasta el final, de comerse el mundo, de luchar por lo que es justo, arropados por unos padres y madres que el Cielo se tienen ganado con vosotros. Eso como mínimo.

Con la sangre hirviendo todavía tras conocer la noticia de vuestro ingreso, comenzasteis vuestra andadura por estas latitudes que te pueden convencer o no, pero coincidiréis conmigo en que el Rayuela no deja a nadie indiferente. Apasionados, os embarcasteis en toda actividad que se os cruzase en el camino. Y mira que os recomendábamos mesura, razón, que no podíais abarcarlo todo, mientras vosotros hacíais bueno el tradicional “por un oído me entra y por el otro me sale”. Con el tiempo descubrí que vuestra desobediencia en este apartado no la motivaba la falta de entendimiento, sino el implacable frenesí que os corre por las venas con todo lo que suene a escena.

Antes que como tutor y profesor de historia en 2º a muchos os conocí por las clases de teatro y el musical del curso pasado, una actividad que acercaría nuestros mundos y nos permitiría vivir experiencias de esas que siempre os digo que no se pueden comprar con dinero. Para todo lo demás Mastercard. Y luego dicen que el teatro no sirve para nada. ¡Cielos e Infiernos, si una clase de teatro vale más que 1000 lectivas ordinarias! ¿Os acordáis de la pulsera que os regalé el día del estreno? Con dos cuentas de colores, una erais vosotros, la otra era yo, nunca estabais solos y si uno caía, el otro lo levantaba presto.

El destino y solo el azaroso destino, yo no tuve nada que ver y cualquier parecido de esta sentencia con la realidad es pura coincidencia, quiso que este curso haya ejercido como vuestro profesor de historia y tutor.

Como docente he querido acercaros una materia imprescindible, exclusiva, ya sabéis, todas las demás son meras comparsas de la que os digo y os diré que es la única asignatura vital que tendréis la oportunidad de estudiar jamás. Otras serán sugerentes, útiles, lucrativas… pero no serán historia. Amén de los contenidos objeto de estudio que hemos abordado espero y deseo que haya calado en vosotros que saber historia está lejos de ser un concursante de trivial que retiene fechas y nombres de personajes a tutiplén. Eso solo es envoltorio. El contenido os ofrece la oportunidad de forjar una opinión propia, un espíritu crítico con el que afrontar este gran escenario que llamamos vida. ¡Y luego dicen que la historia, como el teatro, no sirve para nada! Como mínimo sirve para ser mejores personas. Me quedo también con que me consta haber ampliado significativamente vuestro vocabulario utilizando palabros hablados y escritos con los que inicialmente me torcíais el gesto, pero que ahora sé que utilizáis en vuestra vida cotidiana: “empero”, “amén de”, “idiosincrasia”, “ergo” … Ya estoy viendo a alguna espantando al típico moscón de discoteca cuando os incomode con el manido “Hola, ¡qué guapa eres!, ¿bailas?”, “Me encantaría, empero, amén de feo se te ve con idiosincrasia de brasas, ergo no, no bailo”.

Como tutor el camino no ha sido fácil, sino que en determinados e innombrables momentos se tornó desdibujado y tortuoso, mas las dificultades creo que solo sirvieron finalmente para hacernos más fuertes y crecer como personas. Solo espero que los mensajes que machaqué en tiempos revueltos hayan calado en vuestra alma. Entre todos me quedo con recordaros que ante las injusticias, si uno se acostumbra a mirar siempre para otro lado, le acaba doliendo el cuello; y cómo no con los dos que han gobernado las paredes de nuestra aula en diferentes momentos del curso: “Tendrá todo el dinero del mundo, pero hay algo que jamás podrá comprar: un dinosaurio” (Homer Simpson) y “La verdad os hará libres” (Jn 8, 32).

Sin querer enmendarles la plana a vuestros progenitores reconozco que me siento un poco padre de todos. Bueno, mejor hermano mayor, que todavía estoy joven, lozano y de buen ver. Y como tal a todos os quiero por igual, con vuestras virtudes y vuestros defectos. Con vuestras risas y vuestros llantos. ¿Os han dicho ya que lloráis mucho? ¡Coño, tanto que este año me habéis hecho llorar hasta a mí! ¡Y mira que me cuesta! ¡Llevaba siglos sin hacerlo! Y cuando digo siglos sabéis que es literal, puesto que de todos es bien conocido que soy inmortal.

A algunos, no sé si afortunada o desafortunadamente, os veré el curso que viene. No estéis tristes, pues esta carrera es a largo plazo y de lo que se trata es de llegar lejos, no alto, y cada uno ha de hacerlo a su ritmo. Simplemente habéis de empeñaros en llegar. Otros voláis hacia nidos lejanos y a uno se le queda ese inefable sabor agridulce. Dulce porque sé que es ley de vida, agrio porque a pesar de que así tiene que ser, que es lo que toca, jode perder de vista tanta calidad humana y tanta sensibilidad a flor de piel de la noche a la mañana. Tantas carcajadas, tantos abrazos, tantas lágrimas, tantas lágrimas, tantas lágrimas, tantas lágrimas, volando de un plumazo.

Gema, Tamara, Laura, Judith, Álex, Daniel, Víctor, Alicia, Laura, Alba, Manuel, Klaudia, Víctor, Nerea, David, Nuria, Ana, Javier, Mavi, Blanca, Minerva, Laura, Yurena, Carolina, Teresa, Carlos, Miriam, David, Mónica, Daniel, Elisa, Estefi, Carlos, Coral. Que os vaya bonito.

Jaime




Coro IES RAYUELA

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Ojalá yo hubiera tenido un profesor como tú!, se nota que amas tu profesión, que te desvives por hacerlo lo mejor posible y que no sólo enseñas sino que aprendes y valoras a tus alumnos y lo haces público, cosa que te honra. ¡FELICIDADES!a ti por ser como eres y a tus alumnos por haber tenido la suerte de "disfrutarte". No cambies nunca.

MARIA dijo...

¡ME HAS EMOCIONADO! Mi deseo: que en la vida de mis hijos se crucen y permanezcan gente como tù...Enhorabuena por todo lo que haces y por còmo lo haces. Tu prima, Marìa.

MARIBEL dijo...

...y llegará el próximo curso otro grupo, que al principio te hará pensar que nunca llegarán a ser como estos, pero con los que acabarás implicandote igual, y queriendolos y apreciandolos tanto como a los que ahora despides...

Anónimo dijo...

Eres extraordinario, enhorabuena por tus chic@s, estos y los que vendrán.
Oyana

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