
Hablaba en cierta ocasión alegremente de las izquierdas y las derechas durante la II República Española cuando un alumno me interrumpió dejándome seco: “Una duda antes de que continúes, profe, ¿qué diferencia hay entre las izquierdas y las derechas?”. Estupefacto y desorientado me disponía a argumentar mi respuesta cuando sonó el timbre que anunciaba el final de la clase. “Mañana te contesto”, acerté a rematar. Pude pasar la tarde sin recapacitar un ápice sobre la pregunta formulada y la respuesta que daría, mas a punto de entornar los ojos y de entregarme al plácido sueño que me suele acompañar cada noche, me sobresaltó un fogonazo en forma de reflexión en torno a la promesa verbalizada que debería hacer efectiva al alba.
En calidad de varón, y por tanto incapaz de hacer y/o pensar dos cosas a un tiempo, resolví centrarme en definir solo las izquierdas o solo las derechas, pues el resultado me permitiría explicar el contrario por oposición. Antónimo, creo que lo llaman los de lengua. “¿Lo has entendido? ¿Sí? Pues la otra todo igual pero al revés”.
Me decanté por la izquierda, por eso de que sonaba más cálida y sugerente para las horas del día en que me encontraba y me puse a pensar cuál podría ser su leitmotiv y el resto de rasgos complementarios que la definen. ¿La ideología que ampara a los pobres? Demasiado simplista tal vez, pues por esa regla de tres los ricos del Medievo eran de izquierdas, ya que se ocuparon con fruición de amparar a los pobres a través de la limosna. Esa que les permitiría posteriormente alcanzar el Paraíso como recompensa a sus buenas obras en vida. Hasta tal punto ampararon a los pobres que no permitieron que desaparecieran, fíjense si se preocuparon por ellos. ¿La ideología de la clase obrera? Tampoco me acababa de convencer el asunto, pues la afirmación negaba cualquier pensamiento izquierdista anterior al nacimiento del proletariado, hecho que acontece en el siglo XIX. ¿No habría pues gentes de izquierdas en la Antigüedad Clásica? ¿Jesucristo tal vez? Demasiado reduccionista por tanto la asociación con el obrerismo, no me valía. ¿Acaso la ideología de los que defienden un equitativo reparto de la riqueza? Por ahí me encajaba algo más la cosa y tiré del hilo; pero nuevamente surgieron las dudas: ¿un poco para todos? ¿Y por qué no un mucho y bueno? Porque digo yo que ser de izquierdas no será ser gilipollas y renunciar a poder vivir en una estupenda mansión de 1 hectárea en lugar de en una solución habitacional de 25 metros cuadrados. Que de poder elegir vacaciones preferirán bañarse en aguas de Bora Bora antes que de Benidorm, que si pueden enfundarse ese traje de Armani que les sienta como un guante, renunciarán al del mercadillo que les queda como una manopla y que si tienen acceso al jamón ibérico que el york se lo coma la puta madre del que corresponda. ¿O no?
Se empezaban a agotar las posibilidades, pero lejos de cejar en el empeño proseguí articulando el cerebelo. ¿Sinónimo de progresismo? El diccionario pronto me cortó esta fuente de inspiración, pues rezaba que un progresista es aquel que defiende o procura defender el avance tanto en cantidad como en perfección. Y digo que me cortó porque necesariamente las derechas se hubiesen identificado en este caso con lo regresivo, con favorecer no ya el inmovilismo, sino el retroceso y la marcha hacia la imperfección, y en principio mi respuesta pretendía brillar por su asepsia. Además, me podía imaginar la relación inmediata que establecería el susodicho alumno, simple y llana, que no necesariamente simplista: “¿Entonces, profe, los de derechas son sádicos maléficos que se afanan en autolesionarse y lesionar?”.
¿Un liberal tal vez? Mierda, en este caso la historia me dejaba sin argumentos. El siglo XIX español era la prueba evidente: llenito de liberales, de una cuerda y de la otra, pero todos llamándose “Liberales” de nombre y luego ya el “de Izquierdas” o “de Derechas” de apellido, así que parecía que la vinculación se desvanecía apenas aterrizada.
¿Aquellos que anteponen las políticas sociales a los intereses económicos? Inmediatamente me sobrevinieron algunas medidas adoptadas recientemente por gobiernos que dicen llamarse de izquierdas, como los recortes salariales, el visto bueno a los despidos masivos de multinacionales, las concesiones a la banca privada o el retraso de la edad de jubilación. ¿Motivo? Para salir de la crisis económica. ¿Pero no quedamos en que primero era lo social y luego lo económico? ¡Qué chasco!
Finalmente un sueño agonizante se apoderó de mí y me condujo hasta la mañana siguiente. Inquieto, desembarqué en mi clase habitual. Quise driblar mi compromiso prosiguiendo como si nada, pero el discente recordó presto mi ofrecimiento y me puso contra las cuerdas. Tragué saliva e intenté mantenerle la mirada. Avergonzado y tembloroso, apenas pude balbucear: “No lo sé”.
Almasy©
Enrique y Ana: "La Yenka"