jueves, 1 de abril de 2010

110. La Uni


(A mis padres, por no estremecerse cuando les dije que quería estudiar historia)

Cuando yo estaba en el instituto el orientador era un tipo, o una tipa –no te piques Bibiana– que conocías en COU, te endosaba 3 folletos de las 3 universidades que había y a correr. Plan Nuevo o Antiguo era lo más peliagudo que tenía la cosa cuando de proseguir estudios superiores se trataba. Los padres tampoco se complicaban demasiado la vida. Siempre te recomendaban las tan popularmente conocidas como mal llamadas ciencias. “Tú una ingeniería, vástago, que eso da dinero”. “Papá, pero es que a mí lo que me gusta es la literatura”. “¿Tú eres tonto? Anda no me jodas, si te gusta leer te coges una novelita para el trayecto en metro a la facultad de aeronáutica y punto pelota”. Determinados profesores tampoco solían ayudar demasiado en materia de animarte a perseguir tus sueños. “Ni se te ocurra estudiar historia. Eso no tiene salida. Con lo ducho que tú eres para las matemáticas”. Algún cachondo incluso te espetaba hasta una malintencionada chanza en formato coplilla pareada para apartarte de las tan popularmente conocidas como mal llamadas letras: “El que vale, vale, y el que no a humanidades”.

Ahora la profesión de orientador, u orientadora, tengamos la fiesta en paz, es un universo paralelo en los centros educativos con una ingente cantidad de aristas. Concretamente en materia de orientación académica superior los 3 folletos de antaño se han convertido en fascículos coleccionables por entregas y con el aterrizaje del Plan Bolonia actualmente, antes de emprender carrera alguna, tienes que hacer un máster previo para comprender: 1.) ¿Qué cojones quiero estudiar?; 2.) ¿Cómo demonios acceder a dichos estudios? En este caso, además, si la oferta y la demanda no hacen acto de presencia, que lo suelen hacer, toca echar cuentas con lápiz y papel, calculadora y hasta escuadra, cartabón y transportador de ángulos a mano si me apuran y 3.) ¿Para qué diantres puede servirte?

Vamos, un cursillo preuniversitario en toda regla a modo de calentamiento antes de saborear las mieles de la élite educativa. Sin embargo, afortunadamente para los que nos dedicamos a guiar a las futuras generaciones, la orientación académico-profesional se ha simplificado sobremanera en un aspecto que no es baladí. “¿Qué tiene salida, profe?”. “Y yo qué sé. Nada y todo al mismo tiempo”. O sea, que se han esfumado las predicciones con escaso margen de error y se ha asentado la incertidumbre por bandera, el azar y hasta el caos. Tocó a su fin eso de ingresar en una empresa hecho un púber barbilampiño y salir muchos lustros después con el pelo cano y los pies por delante el día en que la parca decida recolectarte para sus huestes. Vamos, que en unos años, no muchos, nos veo contemplando ejemplares de contratos fijos en los museos de historia antigua del siglo XXI. Es lo que hay; si bien no tiene por qué agradarnos.

Por todo lo anteriormente señalado y por otro tropel de razones que omito, me atrevo a formular un consejo extensible a vástagos y progenitores para cuando se sienten a parlamentar en la mesa camilla lo que conviene a la criatura: que haga lo que más le guste, pues necesariamente coincidirá con lo que mejor se le da y a buen seguro con lo que más tesón está dispuesta a derrochar. Lógica pura y dura. No se obcequen pues con supuestas salidas que luego tal vez nunca concurran. Y si no que se lo digan a mi amigo Mariano, amante de la historia al que sus padres conminaron a estudiar ciencias en el instituto, para luego acabar licenciándose en Filología Hispánica y actualmente ejercer de digno madero que vela por los derechos y libertades de los españoles. Un hombre de Paco en toda regla. Vueltas es lo que da la vida.

Finalmente, y por el mismo precio, un par de últimos llamamientos que entiendo cruciales para la sabia decisión. En primer término, desoigan los puntuales asesoramientos de esos que cada vez que hablan sube el pan, pues no es de recibo preguntar a cualquiera sobre cualquier tema. ¿O acaso permitirían a su carnicero habitual que les rasurara el juanete por eso de que está acostumbrado a filetear solomillos a diario? Y en segundo lugar, admitan de una vez por todas el incalculable valor de las cosas que se empeñan en decirnos que no valen para nada. Mentira podrida e interesada. Se lo digo yo.

Almasy©



The Police: "Roxanne"

2 comentarios:

MARIA dijo...

Nuevamente: ¡Enhorabuena primo! Cierto es todo lo que comentas y ahora que estamos en el otro lado (es decir, el de padres)¡Cuànta razòn tienes en eso de acertar con las decisiones! (sobre todo en lo que ahora nos atañe,el futuro de nuestras hijas. Me sumo tambièn a la ENHORABUENA PARA TUS PAPIS, que os han apoyado en todas vuestras decisiones...espero que igualmente sepas orientar adecuadamente a todos tus alumnos(y demàs personas que pidamos opiniòn ¡ja!)

QMPilar dijo...

Aconsejamos a nuestros hijos porque creemos conocerles bien y pretendemos evitar que tomen decisiones equivocadas, seguro que los equivocados somos nosotros, pero aún cuando no sigan nuestros consejos los padres siempre estamos ahí a muerte, apoyando a nuestros vástagos. Bess.

Publicar un comentario