jueves, 11 de marzo de 2010

107. Currículum vitae

Así lo llaman los puristas acérrimos de los latinajos. Currículo los que han optado por la traducción al castellano y CV los devotos de los acrónimos empeñados en recortar todo lo que se les ponga por delante. Algunos es vicio ya lo que tienen. Carne de sms. Sin embargo, nomenclaturas al margen, todos entendemos que el currículo no es sino tu carta de presentación en sociedad para cuestiones de índole académico-profesionales. Merece pues la máxima consideración y cuidados por parte del redactor. Es menester, por tanto, que informe hoy a los menos duchos en la materia para que sepan confeccionar con éxito el suyo propio.

Una de las premisas fundamentales para la feliz elaboración del mismo es tener el engorde de los méritos por bandera. O sea, incluir cuantas habilidades y reconocimientos puedan sumar y sumar, sin importar demasiado que tengan relación alguna con el puesto solicitado: lo bien que bailabas la peonza de rapaz, aquel cursillo de papiroflexia on-line en el que te embarcaste tras tu último desengaño sentimental o el meritorio accésit en el torneo de dardos de las fiestas de tu pueblo en aquel verano del ´83. Todo vale con tal de hacer bulto.

Otra máxima imprescindible es manejar el eufemismo con maestría. Así, aunque te echaran del trabajo anterior por meterle una hostia al encargado, aconsejo que figure, verbigracia, que abandonaste el empleo con la intención de satisfacer tus anhelos de promoción y mejora. Si cuela, cuela.

Nada mejor también como la sofisticación a tutiplén. Y es que un buen atado de palabros enjundiosos suele ser la mejor fórmula para que te tomen en serio. Jamás se digan, por ejemplo, churrero de profesión, sino técnico manipulador de alimentos harinoso-azucarados. Asimismo, nunca reconozcan haber llegado tarde al tajo por haberse quedado dormidos. Esgriman en ese caso que las fatales inclemencias del tiempo o del siempre frenético tráfico urbano han impedido tu entusiasta y puntual incorporación al puesto. Eso es lo que hacen los jefes, ¿no? ¿O acaso han oído que jefe alguno llegue tarde al trabajo? Jamás de los jamases. El jefe nunca llega tarde, a lo sumo lo entretienen. Igualmente, no lo habrán visto entornar los ojos consumido por el sueño, sino reflexionar concentradamente en lo que conviene al negocio.

Temas claves en el currículo son los idiomas y el manejo de las nuevas tecnologías. Deben pues ser sumamente cuidadosos con ambos asuntos. Que ustedes chapurrean cuatro sentencias mal dichas en inglés, tales como “Oh, my God!” (frase por excelencia del cine porno); no se corten: nivel medio en la lengua de Shakespeare. Con dos cojones. Y si al menos son capaces de apagar el ordenador sin tirar de botonera ni enchufe, sino únicamente haciendo uso del endiablado ratón, no me sean modestos: nivel medio-alto de ofimática. Vamos, que de ustedes a Bill Gates hay unas gafas graduadas de diferencia.

Pieza básica suele ser también la foto que adjuntamos y más en este mundo presidido por Doña Apariencia. En este terreno les propongo dos soluciones. La más casera consistiría en endosar un retratito más bien antiguo, de los años mozos. No me iré hasta el día de las comunión pero casi. Vamos, que se les vea jóvenes y lozanos, dispuestos a comerse el mundo. Otra más currada es recurrir al photoshop, que si no controlamos directamente, siempre conocemos a un amigo de un amigo informático que pilota la del quince y nos va a tunear el careto como si hubiésemos pasado por el quirófano de Corporación Dermoestética.

Finalmente se debe rematar el currículo con una especie de declaración de intenciones que vendría a ser un híbrido del eufemismo y la sofisticación de los que les hablaba hace unas líneas. En este sentido, nunca olviden, por ejemplo, recalcar a la empresa su “absoluta disposición a la movilidad”. Vamos, que podéis mandarme a donde Cristo perdió la hebilla de la sandalia y la antena de la boina. No omitan tampoco el hecho diferenciador frente a sus posibles rivales por el puesto que está en juego. Son ustedes unos candidatos únicos e irrepetibles y se encuentran dispuestos a “afrontar el empleo en cuestión con el rigor, seriedad y entusiasmo que sean necesarios”. O sea, que estás abierto a que te peten el culo a base de echar horas extras a destajo poco o nada pagadas un día sí y otro también. Entonces les tocará hablar con el sindicalista, pero ese capítulo lo dejo para otro día, que da para uno o dos ratos.

Almasy©

POL 3.14: "Bipolar"


1 comentarios:

MARIA dijo...

¡Muy bueno primo! Todavìa me acuerdo de mi primer "CV" donde puse hasta dònde hice las pràcticas...lo que tu dices, engordar por engordar...con los "años" ha ido mejorando un poquejo (aunque tengo pendiente el tema del inglès, nivel bajo-bajo y lo del ordenador, ¿se considerarà gran experiencia el bloqueo de las màquinas?)

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