sábado, 5 de septiembre de 2009

80. De Cristiano Ronaldo y las barbaridades


El pasado mes de junio el Real Madrid fichó al jugador de fútbol luso Cristiano Ronaldo por algo más de 90 millones de euros (exactamente 94, pero total, 4 millones de euros arriba o abajo para un tipo podrido de pasta como yo no son más que calderilla y he optado por redondear). Este hecho desató toda una serie de reacciones entre las que me sorprenden sobremanera aquellas que se centraron en calificar esta transferencia como de cifra desmedida, de auténtica barbaridad. De todas cuantas leí en este sentido me quedo comentando dos que me causaron especial estupefacción por pronunciarlas dos fuerzas vivas de esta nación. Me estoy refiriendo a las de José Luis Rodríguez Zapatero, actual líder de la manada y las de Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona. En sendos casos se impone responderles con un viejo dicho harto manido en los ambientes tabernarios que frecuento: “queridos, a veces es mejor meter la lengua en el culo”.

Porque estimado Don ZP, tan desmesurado como lo de Cristiano es, verbigracia, que los diputados de este país cobren la máxima jubilación habida y por haber con apenas 7 años de servicio a la patria, por 35 los que debe prestar el españolito de a pie para tan alta remuneración. Y de subidas de sueldos acordadas por todas las formaciones políticas por unanimidad, coches oficiales, Moncloas, dietas, viajes por la cara con la parienta o el pariente, veraneo a cuenta de 40 millones de curritos, negacionismo de la crisis, escandalosas cifras de paro y corruptelas varias mejor no hablamos en esta ocasión. Lo dejamos para otro día, que hoy no estoy yo especialmente interesado en elevar mis índices de mala hostia. Únicamente un apunte al hilo de las corruptelas antes de que se me olvide: si se demuestra que Camps solo trincó unos trajes habría que dedicarle una calle en todas las localidades de España por tratarse del primer político de la historia que se habría conformado con apañar cuatro trapos durante el desempeño de su cargo.

Por lo respecta a usted, mi entrañable arzobispo, corríjame si me equivoco cuando rememoro las palabras exactas que empleó en su homilía del Corpus Christi para referirse al fichaje del crack futbolero: “dispendio descomunal”. Pues bien, eminencia con báculo y sellazo de oro, simplemente confesarle que básicamente con una visita al Vaticano y otra a cualquier iglesia de este país que albergue un paso de Semana Santa se le quita a uno la devoción. Eso sí que es una auténtica aberración de lujo y ostentación por parte de una institución que se supone ejemplar y eminentemente espiritual. Normal que Lutero echara la pota cuando se personó en Roma allá por el siglo XVI.

En definitiva, que en un asunto de esta índole no son ustedes los más indicados para pronunciarse aun cuando admitamos que pagar 94 millones de euros por cualquier cosa es una ignominia de padre y muy señor mío. Sin embargo, lo hacemos a diario por todo tipo de objetos inanimados. Por un coche, por una casa, por una joya, por un lienzo. Así que no puede ni debe soliviantarnos que se pague semejante cifra por una persona, pues la operación en cuestión no deja de ser una manifestación más de esta sociedad ignominiosa en la que nos hemos acomodado. Y no lancemos balones fuera, porque esta no deja de ser obra y gracia del ser humano en su conjunto; ergo todos, en mayor o menor grado, nos dedicamos a alimentarla. Eso sí, como la mayoría no disponemos de semejante cantidad de millones, no nos cuesta nada empavonarnos y sentenciar demagógicos: “Con ese dinero yo arreglaba el hambre del mundo”. Sí, sí, hasta que suena la flauta e ingresamos una cifra inesperada en nuestras arcas y entonces no soltamos un céntimo ni al mendigo del barrio. Que aquí nos conocemos todos. Consiguientemente y a modo de conclusión, la controvertida adquisición del futbolista portugués no puede contemplarse sino como otra muestra más de las dos únicas leyes válidas que rigen en la actualidad: oferta y demanda. Inmorales pero ciertas y sin duda operativas en este cotarro en el que para que haya primer mundo precisamos de la existencia de un tercer mundo. Así es y así lo hemos querido.

Almasy©

JAIME URRUTIA: "¡Qué barbaridad!


3 comentarios:

Hasta los cojones. dijo...

Que me vas a explicar... :(

http://loquemetocaloscojones.blogspot.com/2009/06/164-millones-de-razones-para-odiar-el.html

Cada día odio más el futbol.

Rober dijo...

"Normal que Lutero echara la pota cuando se personó en Roma allá por el siglo XVI"...pero qué CRACK!!!

Anónimo dijo...

Pero bueno, qué más da si Ronaldo o quien sea. Es un puto exceso y una vergüenza q se dé tanto dinero por tan poca cosa.
Seguramente q mí me da mucha rabia porq no entiendo ni me gusta el futbol y mira q me gusta el deporte, pero el futbol? es tan aburridor (por cierto q ayer echaron el doc "Putos Hooligans", perdón, no sé cómo se escribe correctamente), como el Golf (vaya rollo colega).
Y bueno, cómo q ZP o No sé q obispo no pueden decirlo, deberían decir lo contrario? lo q tienen q hacer es decir más verdades, esa es otra historia.
La semana pasada echaron en doc tv, un documental sobre los niños superdotados en este país, desgarrador la verdad, lo q hace el sistema con los cerebros de ntro país. Un tipo dijo una cosa q me marcó: se había hecho una comparativa de los países q más gastan en deporte y en personas o científicos con grandes dotes, una proporción inversa terrible, y claro ¿qué se puede esperar de un país que se gasta muchísimo más en pagar a un futbolista o todo el dinero dedicado al futbol, que a invertir en la inteligencia del país?
Luego nos echaremos a llorar por tener un país de lerdos...

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