
No es precisamente este que les habla propenso a enarbolar bandera alguna ni a entonar himnos de esos con los que a algunos se les eriza el pelo y se embriagan de patriotismo. De hecho, siempre he pensado que podría vivir en cualquier sitio. Pone a este respecto Aristarain en boca de Federico Luppi en “Martín Hache” que la patria son tus amigos. Y a veces ni siquiera eso, pues en no pocas ocasiones te vales contigo mismo y tus circunstancias tirando del manido más vale solo que mal acompañado. No obstante, el caso es que con cierta frecuencia presta eso de sentirse parte de algo y como las naciones se me suelen quedar grandes y la Selección no acostumbra a pasar de cuartos (salvo este año), prefiero buscar ese sentimiento de pertenencia en grupos reducidos, como reza la publicidad de las academias con cierta enjundia. En este caso les confieso que me siento parte de “Delirios”, compañía artística en la que me enrolé allá por la canícula de 2007 con el pretexto de vender al mundo las efemérides del 1808. Así, poco antes de que se asentara el sopor propio de la estación, nos reunimos un pianista, un guitarrista, una soprano, un fraternal informático y el que suscribe empuñando pluma y largando texto. De dicha confraternización emerge un espectáculo en el que, por espacio de una cincuentena de minutos, se dan cita el buen hacer de Carlos al teclado, la firmeza de César acariciando las seis cuerdas de su instrumento, la férrea suavidad de Magda entonando canciones legendarias, la entera sencillez de Roberto lanzando puntual la imagen que corresponda y las trovadorescas pretensiones de un servidor. Lo hacemos prácticamente por amor al arte, ese arte tan inútil como necesario y vital al mismo tiempo, dando lo mejor que llevamos dentro y siempre pendientes de corresponder al respetable por honrarnos con su presencia. Incluso a pesar de que en ocasiones te sobrevenga a la cabeza eso de que no está hecha la miel para la boca del asno, el público es quien justifica tu ser y estar al otro lado de las butacas.
Personalmente no encuentro nada más estimulante que la solidaridad que hace acto de presencia en cualquier composición artística grupal, pues todos y cada uno de los componentes de “Delirios” ponemos nuestros cinco sentidos, seis si los tuviéramos, en entrar en el momento justo, en lucir en lo individual para hacer lucir el conjunto y en regalar hasta la última brizna del arte y del duende que llevamos dentro. Siempre atentos, concentrados, embebidos en el acto que estamos ofreciendo a los pocos o muchos que nos contemplen –basta con que uno solo lo haga–, componiendo en definitiva algo parecido a una humilde sinfonía con la que no hacemos sino gritar hacia fuera lo que nos conmueve por dentro.
¿Qué todavía no han visto nuestro espectáculo? Allá ustedes si pueden vivir con esa pesada losa sobre su alma; mas les advierto que están a tiempo todavía de enmendar su condenación eterna. ¿Qué no saben dónde ni cuándo será la próxima representación? No se me aflijan, pues no hay como la World Wide Web para resolver este tipo de cuestiones existenciales. Concretamente les remitimos a www.entornoal1808.es para que determinen la cita que mejor se ajuste a sus ya de por sí harto saturadas agendas. ¿A qué esperan?
Almasy©
MARÍA CALLAS en el 2º acto de “TOSCA”