
No me considero de esos que opinan gratuitamente. De hecho, me gusta informarme previamente antes de emitir juicio alguno, siguiendo así las instrucciones gastronómicas que me diera mi progenitora en mi más tierna infancia: “¿Cómo sabes que no te gustan las acelgas si no las has probado?” Por este motivo no quería criticar la serie televisiva a la que me voy a referir sin antes haber visionado al menos un par de capítulos (confieso que también intenté abordar un tercero pero sin éxito, pues el cabreo y el sopor me invadieron hasta el punto de impedirme terminarlo). Les sitúo por si hubiera todavía algún despistado: noche de los lunes, a eso de las 22.30 horas, Antena 3, “Física o Química”, teleserie que dice recrear sin rebozo alguno el universo adolescente actual, o al menos eso he leído proclamar a los cuatro vientos tanto a sus guionistas y productores como actores. Yo por mi parte me niego a asumir como propios los estereotipos, historias y mensajes que dicho programa hace públicos con insultante facundia. Y me niego fundamentalmente porque si los responsables del producto en cuestión simplemente se consideraran como creadores de una ficción televisiva sin más, tendría que limitarme a cerrar mi bocaza. Ficción es ficción y punto. El problema radica en que, como les he anunciado, la serie osa a presentarse como una visión fidedigna de la vida cotidiana de nuestros jóvenes. Aquí también tengo un problema que no es baladí: “¿qué es ser joven?” La cuestión es primordial porque impondrá que yo pueda expresarme en 1ª persona del plural: “Los jóvenes somos…” o que deba recurrir a la 3ª: “Los jóvenes son…”. Treinta una canículas a mis espaldas, ¿qué les parece? La estadística demográfica indica que se es joven oficialmente hasta los 14, pero me van a permitir que por ahora me incluya en el saco de la juventud divino tesoro. Y lo primero que se me antoja es que los jóvenes no somos así y que la seriecita de marras ofrece una espuria a la par que distorsionada imagen de nuestro ser y estar habitual. Me niego a admitir, por ejemplo, que nuestro ocio se reduzca al consumo de surtidos de estupefacientes varios y la organización de salaces orgías. ¡Ya nos hubiera gustado a más de uno fundamentalmente eso de las orgías! Asimismo, me niego a aceptar que abunden en nuestras cuadrillas de amigos los macarras drogadictos-xenófobos-machistas-homófobos (lo tienen todo los angelitos), que nos droguemos en los baños del instituto un día sí y otro también o que nos lo montemos con nuestra “piba” en algún cuarto oscuro del mismo. No hablamos con el móvil en clase, ni le contamos al profe abierta y procazmente nuestra última experiencia sexual, así como tampoco nos expresamos continuamente así, ni bien ni mal, sino raro: “Jo tía”, “Jo tío”, “No me ralles”. Y entiendan que no me niego a asumir todo esto por pura moralina conservadora, simplemente es que no me reconozco ni a mí ni a la inmensa mayoría de mis alumnos (sobre los profesores de la serie y su imagen de estólidos peleles sin personalidad definida no me meto porque soy parte interesada y absolutamente subjetiva por eso de pertenecer al gremio).
Sin embargo, a pesar de todo lo apuntado, “Física o Química” es líder de audiencia en esas noches televisivas de los lunes, motivo por el cual me tengo que volver a negar a algo, en este caso a reconocer que la mayoría siempre tenga razón, aunque disfrute, eso sí, del derecho a visionar lo que se le ponga en sus santísimos cojones (que diría el también televisivo Don Lorenzo), ¡faltaría más!
Almasy©
SERRAT & SABINA: "La del pirata cojo"