sábado, 11 de junio de 2016

254. La estación del Mediodía


Acudía todas las tardes nada más salir del trabajo. No reparaba si quiera en cambiarse de ropa y sus manos todavía estaban calientes de arreglar motores. En los cuatro últimos años no había faltado una sola vez a su cita. Poco importaban el frío, el calor, los casi cinco kilómetros que caminaba hasta allí o si a la mañana siguiente tenía que madrugar más de lo habitual. 

Se sentaba en un banco distinto cada día, pero siempre frente al andén 16. El mismo en el que se habían cruzado aquella tarde de agosto. Cogía cualquier periódico manoseado y simulaba prestarle atención. Había aprendido a leer titulares al tiempo que no quitaba ojo a cada una de las mujeres que pasaban. No estaba absolutamente convencido de que la volvería a ver, pero al menos conocía al detalle la actualidad.

Buscaba siempre la hora punta para distraer a los vigilantes más responsables y diligentes. A fin de cuentas un tipo que se persona mecánicamente todos los días en el mismo lugar y a la misma hora podía resultar sospechoso. Pero el bullicio era tan ensordecedor durante la franja elegida que le otorgaba un halo de invisibilidad extraordinario. 

Era capaz de anticipar la mayoría de los pasos de los viajeros habituales. Los del ejecutivo ansioso siempre pegado a su celular dando vueltas como una peonza. Los de la universitaria cumplidora con su carpeta minuciosamente forrada releyendo apuntes recién salidos del horno. Los de la limpiadora con las manos ajadas. Los de las parejas de enamorados que se comían a besos en el banco más apartado, justo en la encrucijada entre el 16 y el 17.

Cada día igual y diferente a un tiempo, con serias dudas de si su empresa resultaría exitosa en último término; pero incomprensiblemente con la esperanza intacta, acechante, negándose a concederle una sola oportunidad al desaliento. El corazón y las entrañas siempre una cuarta por delante de su cabeza. Al fin y al cabo cuando se cruzó por primera y única vez con ella sintió al instante que era la mujer de su vida. Solo era cuestión de tiempo que ella hiciese lo propio.

Almasy©


MARLANGO: "Enjoy the ride"

2 comentarios:

Guillermo Recio García dijo...

Cada vez me gustan más, al final escribes un largometraje, te lo dice tu amigo Guille, chao escoces

Maribel dijo...

Muy bonito.

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