jueves, 2 de diciembre de 2010

141. Yo también soy defensor del profesor

Estamos de enhorabuena. A las mentes pensantes de este país se les ha ocurrido ahora que los profesores somos útiles y que hay que defendernos de cuantas agresiones nos propinan a diario. Unos cuantos carteles poblando marquesinas de metro y autobús, un puñado de famosos entonando frases del tipo: “Yo también soy defensor del profesor” y unos cuantos debates televisivos ejerciendo las veces de Sanedrín así lo atestiguan. Además, periodísticamente el tema es un filón inagotable, pues desde que la tecnología acampara entre nosotros siempre hay un vídeoaficionado presto y dispuesto en el lugar adecuado y en el momento oportuno para grabar cómo le inflan a hostias, le bajan los pantalones o le lanzan objetos voladores identificados a un indefenso docente mientras este intenta controlar al rebaño.

Pero vayamos por partes, que diría un descuartizador –siento volver a utilizar esta expresión, ya lo hice en la entrega de la semana pasada, pero es que me priva. A este paso remedaré al difunto Berlanga, que en todas sus películas metía con calzador el término “austrohúngaro”–.

En primer término no percibo especialmente una oleada de atentados a la autoridad del profesor en estos instantes. Básicamente porque yo nunca he conocido a la mentada autoridad y esta solo me suena de oírsela a mis mayores. Ergo no se puede perder algo con lo que nunca se nos ha dotado.

Por otra parte, y en este caso cuento mi experiencia personal, en líneas generales podría afirmar que en mi práctica docente intento respetar y hacerme respetar sin ayudas externas, pues siempre que me he hecho cargo de una clase lo más bonito que me han dicho antes de dejármela en mis manos ha sido: “ahí te queda eso majo, apáñate como puedas”. Y para apañarme, les confieso haber tenido que hacer uso de cuantas estrategias, divinas y humanas, conozco y/o están a mi alcance. De hecho son tan innumerables que a veces dudo si seré un docente o tal vez un animador cultural, un psicólogo, un médico, un enfermero, un consejero sentimental, un plañidero, un estimulante con patas, un payaso, un hombre orquesta, un confesor, un promotor boxístico que va contracorriente porque en realidad no quiere que se celebren combates, un padre putativo, un pedagogo, un psicopedagogo, un guía vital, un juez, un verdugo, un hermano mayor y hasta un bombero torero que apaga fuegos sociales.

En segundo término, insto a las autoridades competentes a que entiendan que en este mundo podrido y sin ética que nos ocupa, la valía y el respeto de un trabajador se mide por la cantidad de pasta que gana. Dicho lo cual, recomiendo se ahorren dichas campañas publicitarias y empleen su coste en subirnos el sueldo hasta límites extraordinarios. Ese sí sería un mensaje en plan: “los docentes son la repanocha”. Sin embargo, recientemente, y si mal no recuerdo, nos lo han bajado, lo cual necesariamente conduce a pensamientos del tipo: “a estos mierdas se les puede vapulear”. ¿Conocen ustedes acaso algún notario al que le hayan untado el lomo con vara verde de avellano? No, ¿verdad? ¿Por qué? Porque gana mucha pasta.

Finalmente y en lo que a tertulias televisivas se refiere, me ronca especialmente los cojones escuchar a pollos y pollas hablar del estado de la educación con una gratuidad pasmosa. Incluso por parte de los que supuestamente son del sector, quienes con frecuencia no han pisado ni pisarán una clase en su puta vida y sin embargo dicen conocer a la perfección el hábitat que refieren en sus sesudos libros. Que si el “Inspector de la Minga en Verso”, que si el “Presidente de la asociación de padres y madres de alumnos del Perpetuo Socorro”, que si el “Defensor del Profesor, de la Profesora, del Docente y de la Docenta”, que si el “Mandamás del sindicato de Una Huelga al Año No Hace Daño”. No puede faltar tampoco el catedrático en psicopedagogía de turno por la “Universidad de los Mundos de Yupi”, al que yo recomendaría hacer control antidopaje antes de permitir que ocupe su butaca y salga en antena, pues tengo la teoría de que estos profesionales en lo que en realidad son expertos es en fumar toneladas de opio en sus despachos a modo de rito preparatorio para diseñar las certeras recetas que solventarán los males del universo mundo educativo. Habituales también en estos programas de debate son las encuestas buscando culpables: los profesores que no se imponen, los padres que no educan a sus hijos, los propios críos, que han salido hijos de puta por naturaleza, los medios de comunicación que contaminan los mensajes, el presidente del gobierno, que no toma decisiones y nos está llevando a la ruina, la sociedad en general. Me encanta este último: la sociedad en general. Así, con dos cojones. Además con esta afirmación no puedes equivocarte. Pillas cacho seguro. El caso es echar balones fuera y detectar malos malísimos extramuros. Concluiré mojándome: es cierto que algunos docentes no nacieron para desempeñar esta profesión e incluso la emponzoñan, que los genes a veces influyen decisivamente para que el zagal se tuerza pese a nuestros esfuerzos por reconducirlo, que los medios de comunicación en realidad deberían llamarse medios de contaminación, que el presidente del gobierno no toma tantas decisiones como debería y que la sociedad en general tiene lo suyo. Sin embargo, no preciso haber cursado Psicopedagogía para sentenciar que son los padres los auténticos responsables del asunto. Se me ocurren muchas razones para justificar esta afirmación: porque así lo establece la ley, porque la educación tiene que venir dada de casa, porque el entorno familiar es el que determina la forma de relacionarse en sociedad del sujeto, por cuestiones puramente de afecto y de pretender que tu retoño no se convierta en un malnacido enemigo público, porque… porque son sus padres, ¡coño! Fíjense si serán determinantes que en las innumerables entrevistas que mantengo con progenitores alcanzo a entender perfectamente el ser y estar de sus vástagos, pues la versión adulta supera la infantil y la adolescente con creces. Y lo peor de todo es que en no pocas ocasiones, cuando cierro la puerta tras el encuentro y disecciono el contenido de la charla, me retuerzo pensativo en mi butaca repitiéndome con aires hasta compasivos: “No hay nada que hacer, pobre chaval”.

Almasy©

EXTREMODURO: "So payaso"


3 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé si los docentes son Séneca, pero muchos discentes son Nerón, gordos, caprichosos, irresponsables, pirómanos y consentidos y, para más inri, tienen el poder y así Roma no puede más que arder.
Mariano

Anónimo dijo...

Hola , mira la cosa no funciona en el momento que los padres, dan la obligacion al colegio de educar a sus hijos. Cuando el colegio esta para enseñar. Otro de los problemas muy grandes es que los niños de hoy en dia, ya son perfectos. Yo cuando les llamo la atención a los niños , me siento fatal , porque despues de conocer a los padres, siempre saco el mismo resultado , PROBRECITOS ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE NADA,quien merece la bronca son sus papaitos que al tener un hijo , pusieron una pica en Flandes. Trabajo con niños de P.4. Y es una pena. Yo siempre con los docentes. SIEMPRE
Saludos

Juan J. Garrido dijo...

Todo lo que comentas me parece muy bien, pero... yo estoy en un colegio de una ciudad (que más da cual) en la que las condiciones sociales son "penosas". El caso es que ya en primaria me encuentro con un montón de probemas y ... como tú dices tengo una amplia gama de "estrategias" para lidiar con ellas...
... pero qué estrategia se utiliza cuando un padre te amenaza de muerte a la entrada del colegio ... como este caso podría contarte unos cuantos de una ciudad pequeña, de mi colegio y de otros, con padres y con alumnos. La respuesta que me dan desde la administración es que YO denuncie al alumno o a la familia con la que tengo que trabajar todos los días ... je je je ... se creeran que soy un iluso.
Para la dignificación de nuestra labor docente: buen sueldo, reconocimiento social, formación real y constante, que se nos deje hacer nuestro trabajo y el que no quiera que se vaya a la privada.
Un saludo

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