
Llegué al Rayuela en el curso 2006-07 y la mayoría de los aquí presentes me acogió en 4º de ESO como nunca me hubiera imaginado. Aterricé temeroso, contaminado tal vez por ese prejuicio infundado hacia el Rayuela que no se corresponde con la realidad y que afortunadamente se va extinguiendo. Pronto descubrí a grandes alumnos y mejores personas con las que compartí saberes, confidencias, risas y algún llanto también.
¡Qué fácil me lo pusisteis, condenados! Además, con muchos de vosotros tuve la inmensa fortuna de disfrutar un viaje por tierras italianas que a todos nos ha dejado gratísimos recuerdos. A mí personalmente, os confieso, de los mejores que jamás haya vivido nunca.
Con bastantes me embarqué por dos veces en la increíble aventura del teatro, corroborándome esta inefable experiencia que vuestra generosidad no conoce límites.
Hoy es un día grande porque voláis del nido para seguir construyendo vuestro futuro; pero es también un día triste porque nos vais a privar de gozar de vuestra mera presencia cada mañana. No puedo sino desearos la mejor de las fortunas y la feliz consecución de cuantos sueños y anhelos os ronden; pero al mismo tiempo admito sin tapujos que en este preciso instante me cuesta un triunfo desprenderme de vosotros. ¡Qué coño un triunfo!: que me aspen si hoy soy capaz de contener mis lágrimas, de ignorar vuestras vivaces miradas o de apartar la vista de las cálidas sonrisas que nos regaláis un día sí y otro también.
Siempre me habéis mostrado una actitud de agradecimiento que no acierto a comprender, pues soy yo quien está en deuda eterna con vosotros. De hecho, el tiempo que llevamos juntos no ha hecho sino confirmarme con creces la verdad que encierra esa máxima que Cicerón enunciara allá por el siglo I a. C.: “Si quieres aprender, enseña”.
Gracias de corazón por enseñarme tanto y tan bueno, gracias simplemente por aparecer cada mañana para permitir que me ganara la vida con lo que más me gusta hacer, tal vez lo único que creo que sé hacer. Gracias por contagiarme vuestro impetuoso júbilo a diario y por permitirme llegar a vosotros. Cientos de miles de gracias por todo y que viva mucho y bien la madre que os parió, bonitos.
Almasy©
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