
El pasado 14 de noviembre, mientras practicaba un deporte nacional que al español nos viene impuesto de serie: cambiar compulsivamente de canal –básicamente porque el grueso de la parrilla televisiva es malo o peor– recalo en la parte final del noticiario de la noche en Antena 3 y me doy de bruces con un Matías Prats resolviendo semejante encuesta: “¿Es justo multar a los jubilados por jugar sus partidas de cartas con dinero?”. Inicialmente pensé que era una broma, tal vez el día de los inocentes televisivos, o que al amigo Matías se le había ido la pelota por el simple hecho de haber retrasmitido tanta Copa Davis en el pasado; pero rápidamente eché mano de Google y comprobé que era cierto. Concretamente en Sagunto, provincia de Valencia. Seguí tirando del hilo y comprobé que efectivamente la Consejería de Bienestar Social de la Comunidad Valenciana, prohíbe esta fatal práctica. Evidentemente tal nivel de subnormalidad solo es propio de una clase, la política. Y si además de la que estamos hablando viene aderezada con las correspondientes dosis de regionalismo provinciano, a más de uno confundirá tanto como a Dinio la noche.
Me permitirán pues que en habiendo subnormalidades de por medio, califique a los que aprueban y/o mantienen este tipo de leyes en vigor como auténticos subnormales cuyo principal peligro reside en que coincide que son nuestros gestores. Parece que la cosa se sustenta desde las altas esferas de la citada Consejería de Bienestar Social –denominación que no me negarán suena a pasarse el día fumando puros en un diván– alegando que esta práctica no es sino una actividad lucrativa que practican nuestros mayores. Sí señor, con dos cojones. Ya lo estoy viendo, a los jubiletas abriéndose con el dinero que amasan en las timbas de los centros de día una cuenta en islas Caimán, Mónaco o en algún otro paraíso fiscal de esos que salen en las películas, comprando acciones de alguna de la empresas que componen el Ibex 35 o quién sabe si procediendo a la apertura de un jugoso plan de pensiones que compense la mierda de remuneración que les ha quedado después de partirse el lomo trabajando toda la puta vida. Pero la cosa, créanme no se quedará en dichos centros. Se fastidiaron también las antológicas partidas familiares de estas navidades y de las que se avecinan, no sea que entre los nuestros se encuentre un topo congraciado con la administración que nos delate y en medio de la partida de cinquillo de fin de año, cuando la abuela se vea en la obligación de pasar porque la cabrona de su nuera no acaba de ponerle la sota que dé salida a su caballo y deposite los 5 céntimos de rigor en el centro de la mesa, irrumpa la brigada antifraude y nos lleve a todos para el talego dejando la partida inconclusa y el polvorón que nos estábamos apretando a medio tragar.
Además, puestos ya a sumar absurdos me sobrevinieron a la cabeza otra serie de posibles medidas que deberían contemplar nuestros insignes representantes en todo el cerro de reglamentos que aprueban y desaprueban según interese, todas ellas convenientemente ideadas para engrosar las arcas del erario público. Entre ellas rescato, verbigracia, que cuando uno/a se vaya de putas/os, la señorita o el señorito de compañía –cada cual que se alivie con lo que entienda oportuno– le extienda factura con IVA a fin de que el sujeto pueda declarar el servicio prestado a hacienda dentro del apartado de “desahogos varios”. Eso sí, en caso de que el cliente aporte preservativo y lubricante propios podría desgravarse.
Almasy©
Nonsense Song (Canción sin Sentido BSO "Tiempos Modernos")