domingo, 20 de diciembre de 2015

243. Experimento


Cuando acabé 8º de EGB nos regalaron encuadernados los poemas que habíamos escrito a lo largo del curso. Utilizamos la páginas para incluir dedicatorias que años después hasta ruborizan. Sin embargo, es hoy cuando entiendo la que me puso el conserje: "recuérdame para leerme, no me leas para recordarme".

Ya ha pasado un mes desde que cerré mis redes sociales y prometí hacer balance de la experiencia. Se contaban hasta 187 los amigos que sumaba en Facebook en el momento de la clausura. Momentos antes de pegar carpetazo conté 26 reacciones de diferente índole. Desde un "me gusta", a un "no me gusta", pasando por un "no te vayas" y sin perder de vista un "vete ya, pesado". Con mis parcas matemáticas deduzco que a los 161 amigos restantes les daba exactamente igual mi marcha. 

Tal y como indiqué, mi cierre de redes sociales pretendía analizar diferentes cuestiones que me rondaban la cabeza y en el día de hoy considero que estoy en condiciones de afirmar que:

1. Es insultante que Facebook utilice perversamente el término "amigo" para referirse a las personas con las que te vinculas. En este sentido me parece mucho más honesto Twitter, que solo se atreve a hablar de "seguidores".

2. En este mes, con las personas que no son de mi familia o amigos de diario, el contacto que he mantenido ha sido absolutamente nulo. Ni llamadas, ni mensajes, ni correos electrónicos. Los días buenos pienso que las redes sociales sirven precisamente para agilizar el contacto con aquellas personas con las que tuviste algún tipo de relación, de las que te apetece seguir teniendo noticias, y que si no fuese por las redes sociales sería ciertamente complicado. Los días malos entiendo que es absurdo forzar las relaciones. Que lo que fue, fue, y ya nunca será. Que conviene cerrar episodios y no rescatar recuerdos.

3. He sentido una extraña sensación de ansiedad y alivio a un tiempo. En ocasiones como si me faltase algo. Tentaciones incluso de abandonar el experimento y volver a la senda. Otras muchas como que no había que dar cuentas a nadie. Nada que decir. Nada que responder. Comentaba que últimamente me estaban soliviantando especialmente los comentarios de gente a la que aprecio, o de amigos de gente a la que aprecio. Que vivía en un "morderme la lengua" permanente. Que la contención y el saber estar se estaban tornando en autocensura.

4. Vivimos en un deseo permanente de exhibición, de notoriedad y de reconocimiento. Si no subimos a las redes aquello que hacemos, sencillamente no ha ocurrido. Vivir el momento ha pasado a un segundo plano. Lo que importa es inmortalizarlo con una retrato y una frase para la posteridad. Yo no soy ajeno a ese deseo de reconocimiento de los demás, Dios me libre, pero me estoy empezando a dar cuenta de que nunca es suficiente. De que siempre quiero más. De que no me satisfacía que mi comentario superase la treintena de "me gustas". No era suficiente que mi imagen fuese comentada ni por media centena. ¿Dónde está el límite, entonces? ¿Qué es triunfar? Sencillamente no hay límite y el triunfo siempre es el que uno quiera apuntarse.

5. Pensé que no iba a saber gestionar mi anonimato. Que salir de la pasarela iba a ser insoportable. Pero lo cierto es que según pasaban los días iba creciendo en mí una cierta sensación de liberación. Seguía viviendo al día, pero no tenía que publicarme al día. Estoy empezando a asumir que he transitado a una especie de limbo. Que he dejado de existir para muchos. Que muy pocos se acercarán a leer estas líneas (apuesto que no más de veinte llegarán a esta en la que me encuentro, en la que te encuentras). 

6. Voy a extender este experimento un poco más. Seguramente hasta después de Navidades. Entiendo que corro el peligro de cogerle el gusto y no volver a las redes, de acostumbrarme a la inexistencia. Podría también volver de muchas formas. Empezando de nuevo solo con los 26 que reaccionaron a mi marcha. Los elegidos, podría llamarlos. Retornando como si nada hubiera pasado con los 187 de marras (ni siquiera sé si Facebook me los conservará, porque amenazó con cerrarme definitivamente la cuenta pasados 14 días, cosa que no he podido comprobar si es cierta porque no he hecho el amago de ingresar de nuevo). Podría también encuestar al personal. Interrogarle acerca de si me echa de menos. Pero eso sería volver a las andadas. ¿Cuántos habrían de pedírmelo para que me sintiera verdaderamente querido? ¿Serían todos suficientes?

7. No soy ajeno tampoco a que puedo estar pasándome de reflexivo. A que puedo estar viendo fantasmas donde no los hay. A que busco otro tipo de notoriedad con el experimento en cuestión. No faltan los días en los que me increpo: "No vayas de listo", "Abandona los experimentos, que no es para tanto", "Deja de joder". Dejo pues.

Almasy© 


BSO Her: "Song on the beach"

sábado, 28 de noviembre de 2015

242. La entrevista


(Sala de espera. Tras una cristalera se atisba un panel japonés que impide contemplar el interior de un despacho. Un hombre aguarda tranquilo. Otro entra acelerado. Ambos trajeados y con maletín).

(Hablando para sí en voz alta)


-Tranquilo, ocho y veinte, todavía te sobran diez minutos.


(Al tiempo que se sienta, reparando en que hay otra persona)


-Buenos días. 


-Buenos días. 


(Silencio)


-Fíjese, creí que no llegaba y al final me han sobrado diez minutos.


-En fin, ya sabe lo que dicen.


-Pues no... ¿qué dicen?


-Que a estos sitios conviene personarse al menos con treinta minutos de margen. No solo para llegar tranquilo sino porque los jefes están muy pendientes de estos detalles.


(Silencio)


-¿También viene usted por lo de la entrevista?


-En realidad yo simplemente vengo a la confirmación oficial.


-¿Así que ya le han dicho que le contratan?


-Prácticamente.


(Silencio)


-¿Sabrá entonces qué tipo de preguntas hacen?


-Más que preguntar observan y aguardan el error.


-¿Observan...?


-Lo primero el vestuario. Usted, por ejemplo, se ha decantado por un traje gris con camisa blanca y corbata negra lisa. Es evidente que no quería arriesgar. Ha jugado sobre seguro. Eso agradará a los directivos más conservadores. La mayoría, no cabe duda. Pero no ha pensado usted en los más jóvenes: los hijos del presidente de la compañía. Son chicos educados en París, viajados por todas las capitales europeas, amantes de las últimas tendencias de moda. Debería haber incluido algún guiño para estos. Tal vez unos zapatos más atrevidos.


-Vaya, no sabía... ¿y el maletín qué le parece?


-Correcto, aunque se percibe a la legua que lo trae vacío. Si se apura tal vez le dé tiempo a meterle algún periódico para disimular. En el hall de la entrada creo haber visto alguno.


-Gracias... pero... ¿y si bajo y justo me llaman?


-No se apure, yo respondo por usted. Les puedo decir que se ha acercado al aseo un momento.


-Ya... pero… ¿no cree que eso denotaría nerviosismo por mi parte?


-De ninguna manera. Todos necesitamos ir al aseo.


(Silencio tenso)


-¿Ni siquiera una pregunta, solo observan?


-Y aguardan el error, no se olvide. Sobre todo aguardan el error.


-Pero es ridículo. Así no hay manera de determinar cuál es el aspirante idóneo.


-No los subestime, ellos siempre la encuentran.


-¿Usted cree? ¿Simplemente observando sin más?


-Y...


-¡Sí, ya sé, aguardando el error, no me olvido! ¿Pero qué error? ¿De verdad considera que se puede descartar a un candidato por el color de un traje o el relleno de un maletín? ¿Usted cree que un empresario en su sano juicio se arriesgaría a perder un trabajador que podría resultar fantástico simplemente observando y esperando no se sabe qué error?


-Bueno... ellos sabrán... ¿no…?

Almasy© 


BSO Réquiem por un sueño

martes, 3 de noviembre de 2015

241. Tomates (nº 3 serie de microrrelatos)


Es triste, pero cuando voy al supermercado los tomates ya no me miran con la frescura de otro tiempo. Tampoco me hablan, y el caso es que respetaría que lo hicieran en una lengua desconocida para mí, pero lo cierto es que no mutan palabra. Ya no me piden que los embolse con mimo, como antaño, cuando los más maduros me insistían en que corrían peligro. Ahora sencillamente lucen brillantes pero fríos. Todo el año, un mes detrás de otro, desoyendo a las estaciones. Está visto que los tomates de ahora no son como los de antes.

Almasy© 


AMARAL: "Llévame muy lejos"

domingo, 18 de octubre de 2015

240. En el gimnasio


Llega un momento en la vida de un hombre en el que decide apuntarse al gimnasio. Suele ser al salir de la ducha. Uno se para frente al espejito espejito y el muy cabrón no le devuelve un "tú eres el más bonito", sino que tira de evidencias. Michelín por aquí, lorza por allá. Todo un acto de contemplación y a la vez de reflexión. Se le pasan a uno por la cabeza los centenares de parrilladas que se ha calzado. Las habituales incursiones a establecimientos de comida basura. El picoteo entre horas. Las visitas nocturnas a la nevera. Las peregrinaciones a la caza y captura de la mejor tapa. Iluso como pocos uno se repite: "eso lo soluciono yo apuntándome al gimnasio".

Lo primero que sorprende el día del estreno es que, pese al supuesto bajo nivel en idiomas que tenemos los españoles, los gimnasios son bilingües: el press, el curl, el body balance, el body pump, el body combat, el running... Lo bueno del inglés es que aunque sea una gilipollez como la copa de un pino australiano lo que se dice, la lengua de Shakespeare siempre le otorga un alto grado de sofisticación al asunto. Pongamos por ejemplo el "spinning", ahora también conocido como el "ciclo indoor". Vamos, la bicicleta estática de toda la vida monda y lironda, solo que aderezada con mariconadas varias. Si le dices a alguien que si se anima a clase de "Rotatorio" o de "Bici de salón" no se apunta ni el Tato. Pero en inglés suena a cosa gorda gordísima. 

Ayer mismo tuve mi primera clase de ciclo indoor. No iba yo muy motivado, porque eso de dar pedales a lo cernícalo sin avanzar no lo acabo de ver. La primera en la frente de la mano del monitor: "¿alguien nuevo en la clase de hoy?". Uno se calla para no quedar mal. Fundamentalmente porque en la bici de al lado hay un pibón de categoría al que quieres impresionar. "Vale, perfecto, como no hay nadie nuevo hoy vamos a darle caña extra". Seguidamente veo que tira de mando a distancia y baja unos stores de color negro que dejan la sala en la más absoluta oscuridad. A continuación se iluminan unas bolas de discoteca en las que no había reparado. De verdad que no sabía si ponerme a pedalear o pedirme un gin tonic y cortejar a una fémina. Y finalmente la música. Que se supone que es para motivarte, pero en mi caso yo creo que me produce el efecto contrario. Suelen ser canciones que da exactamente igual dónde las pongas. No se reconoce ni principio ni final. Solo pretenden hacerte entrar en una especie de estado de trance completado a base de arengas que me recuerdan a las películas de marines estadounidenses: "¡Vamos equipo!", "¡Sigue conmigo!", "¡Una vuelta más!" (aquí reconozco que se agradece estar a oscuras, pues te escaqueas con mayor facilidad), "¡Hasta el final!", "¡Hasta la gloria!". Ojo, que también hay monitores con los pies en la tierra que en cuanto te ven adaptan sus consignas: "¡Vamos, que sé que luego te vas a tomar un montado de lomo y una cerveza!", "¡Quémalos antes!", "¡Las gallinas que entran por las que van saliendo!".

Mucho me llaman también la atención la variada fauna de usuarios que se dan cita. Los hay de todo tipo. Últimamente me cautivan los que portan dispositivos y atrezzo de toda índole y condición. Que si un pulsómetro, que si una pulsera de actividad, que si el móvil, que si los cascos para escuchar música, las calas de la bici, la toalla, un bidón de agua megachic, la tabla de ejercicios prescrita... ¡Coño si parecen el Inspector Gadget! Me impresionan también los que sudan a mares. Esta mañana sin ir más lejos en la elíptica un tipo a mi lado con tal charco en el suelo que he buscado con la mirada por si alguna jauría de perros estuviese marcando territorio. ¡Qué manera de sudar, oiga! ¡Me han dado ganas de ponerle una vía con suero! Sin olvidarme de los degollados, esos especímenes que gritan como si los estuvieran torturando cada vez que ejecutan un ejercicio. Es toda una oda al esfuerzo que solidariamente comparten con el resto de los mortales. Hay muchos más, tantos que se podría escribir un serial infinito: el jubilado que no para de hablarte, el que se mira los músculos en cuanto detecta un espejo, el que se atusa el tupé en cuanto detecta un espejo, el que se mira los músculos y se atusa el tupé en cuanto detecta un espejo, la socia de pasarela gimnasio (de peluquería, maquillada, con ropa y complementos último grito y siempre a juego), el gordo al que ves meterse en todas las clases y sigue igual de gordo (balanza de lípidos siempre positiva, como decía Van Gaal), el nudista (permanentemente en pelotas por los vestuarios), el que se marca día sí y día también un botellón de batidos de proteínas, el que tiene querencia a ocupar una taquilla al lado de la tuya (no puede ser casualidad, le gustas), el que te gasea con su penetrante desodorante en spray, los paseantes, los paseantes aguadores (rellenan la botella en la fuente del orden de quince veces cada media hora), los que siempre ves entrenando en la misma máquina (yo los llamo los déjà vu), el multitarea (acaba una clase y sale escopetado hacia otra), el freestyle (hace lo que le sale de los cojones, como le sale de los cojones y cuando le sale de los cojones), el peludo (como te duches detrás de él tendrás que emplear un machete para abrirte paso), el ausente (no aparece ni para darse de baja)... ¡Un zoo en toda regla!

Almasy© 

P. D. Al me me robó unas zapatillas nuevas hace algunas semanas mientras me duchaba: solo te deseo cuatro esguinces, media docena de papilomas y sendos juanetes.


TECHNOTRONIC: "Pump up the jam"


sábado, 26 de septiembre de 2015

239. De anécdotas


Casi siempre que me arranco a escribir es por alguna anécdota. La de hoy me lleva al aula, esa a la que me aferro diariamente apelando a Cicerón: "Si quieres aprender, enseña". El caso es que me encontraba instando a mis alumnos a confeccionar los tradicionales mapas de España física y política cuando me empiezan a llover dardos envenenados. El primero en la frente: "Profe, ¿para qué vale aprenderse los mapas?". "Evidentemente para que me recuerdes cuando en la pregunta final del rosco de Pasapalabra, esa en la que te juegas un bote de 345.000 eurazos, el amigo Christian Gálvez te pregunte por la "B": río cántabro que nace en Fresno del Río, y tú respondas Besaya". El segundo en el bajo vientre, cuando tras darles la relación de comunidades autónomas y provincias observo a uno frotándose las manos y con una amplia sonrisa en la cara. Son esos momentos en los que te preguntas: 

a)Se está riendo de mí. 
b)Se está riendo de mi padre.
c)Es un adolescente, así que las dos anteriores pueden ser correctas.

Sin embargo, para mi sorpresa, había una opción d). "¿De qué coño te ríes tú?". El coño no lo pronuncias pero lo piensas, que para el caso es lo mismo. "Pues de que a partir del lunes nos vamos a tener que aprender una comunidad autónoma y cuatro provincias menos". Ocurrente el niño, todo hay que reconocerlo. Y enterado del panorama político que nos rodea. Enseguida interviene el futbolero de turno: "Pues mejor, que así echarán al Barca de la Liga y el Madrid ganará siempre. Y que devuelvan todas las copas del rey, una detrás de otra". "Profe, mi padre ya hace meses que no quiere nada hecho en Cataluña, aunque no sé cuánto le va a durar, porque tarda la pera en hacer la compra". "Son unos listos, profe, que para unas cosas quieren ser españoles y para otras catalanes. Mira Guardiola. Mira Piqué, jugando en la selección española sin sentirse españoles. ¿Es eso normal, profe, no sería mejor que si no te sientes español le pongas un whatsapp a Del Bosque diciéndole que no quieres ir y punto?". "¿Pero Gasol y Nadal no se quitan de ser españoles, no? Si Nadal hasta es del Madrid". "Nadal no es catalán, chicos, Nadal es mallorquín". "¿Entonces las Baleares tampoco entran en el examen, profe?". "¿Y Polonia entrará en el de Europa?". "Mi madre dice que los catalanes son como mi hermana la mayor, que se fue de casa pero viene todos los fines de semana a poner lavadoras y robarnos comida de la nevera. Y le siguen pagando el móvil". "Profe, yo tengo unos tíos en Barcelona. ¿Entonces el lunes ya no son españoles? ¿Y qué son, profe, si nacieron en Trujillo? ¿Y yo, profe, me tengo que hacer el pasaporte para ir a visitarlos el próximo verano? ¿Ya no me vale el DNI?". "Dice mi abuelo que tampoco valdrán los euros". "¿Pondrán la peseta, profe?". "A ver, chicos, tranquilos. Vamos a ver, hay una cosa que se llama derecho de autodeterminación de los pueblos que establece que cada pueblo tiene derecho a formar libremente parte de la unidad territorial que le parezca". "¿Derecho de autodetermina.. qué, profe?". "¿Pero Cataluña es un pueblo, profe, no nos dijiste que era una comunidad autónoma, cómo lo vas preguntar entonces en el examen?". "Profe, el derecho ese que dices ¿me permitiría no venir a clase? Yo no quiero formar parte de esta unidad". "Pues mi abuela nos cuenta que esto con Franco no pasaba y que podías andar por la calle tranquilamente por la noche sin que te molestase nadie. Y que nadie se metía contigo si no hablabas de política. Y que las próximas Navidades ya no brindaremos con Freixenet". "Pues la mía que después de los catalanes vienen los vascos". "Entonces, profe, ¿tampoco entra el País Vasco en el examen? ¡Toma, otras tres provincias menos!". "A ver, chicos, que no es tan fácil, que hay unas leyes, una Constitución que respetar". "Pues en el jardín de mi bloque también hay un cartel que dice que se respete el jardín y todo el mundo lo pisa". "Y mi tío aparca donde los minusválidos, profe, y no es minusválido". "Profe, entonces, ¿entran o no entran País Vasco y Cataluña en el examen? ¿Y Baleares? ¿Y Polonia? ¡No nos líes!".

Almasy©



CELIA CRUZ: "La vida es un carnaval"

viernes, 12 de junio de 2015

238. Democracia anestésica


Ya empiezo a percibirlos de nuevo. Son los primeros signos que siguen a cualquier recesión. Aquellos que nos juramos esquivar en el futuro para no tropezar nuevamente. Yo los llamo signos de democracia anestésica. No son nada nuevos, pero aparecen y desaparecen con cierta frecuencia cíclica. Fueron muy llamativos los de los años ´20 en EEUU. Se orquestó entonces la democratización del consumo a plazos. Todo el mundo podía acceder en cómodas mensualidades al producto soñado. Era la consumación del gran sueño americano y por extensión del ser humano. El capitalismo se coronó entonces como el único sistema posible y en su versión menos salvaje -o quien sabe si todo lo contrario- pareció disponerse al alcance de todos. Y al fin y al cabo eso es lo único que nos importa. Que nos llegue nuestra porción de la tarta.

Con el tiempo el sistema se ha hecho más sutil, más ladino, la democratización anestésica ha dado un paso más. Presenta una versión mejorada. No solo se trata de poner la miel en los labios al alcance del común de los mortales, sino de inocularle mensajes esperanzadores muy frecuentemente apuntalados en la irrealidad. "Puedes hacerlo", "No te rindas", "Lucha por tus sueños", "Nada es imposible". El adocenamiento tiene la obligación de ser optimista. Además, de manera paralela, se activan los mecanismos para demonizar a todo el que ose poner en duda cualquiera de estas máximas. ¿Cómo que un ciego no puede conducir un autobús de la EMT? ¿Cómo que alguien que se marea cada vez que ve un hilo de sangre no podrá ser neurocirujano? ¿Cómo que el que reunió cuatro versos rimados en su libreta no alcanzará la gloria como poeta? ¿Quién se atreve a ponerlo en duda? ¿Quién se atreve a no luchar? ¿Acaso no ha leído usted el contrato? Hay que luchar aunque no se quiera. Hay que vivir aunque uno prefiera que lo desconecten.

Asistimos a un momento en el que la frustración, la derrota, no se contemplan, no se aceptan. Es algo que les pasa a otros. Como la muerte. Es más, no solo no se puede perder sino que resulta intolerable que te adviertan de que puedes hacerlo. El eterno perdedor -no necesariamente el eterno infeliz- se ha extinguido. La casilla de la calavera desapareció del tablero de la oca. La mamá de Bambi siempre resucita. El bondadoso capitalismo está disponiendo nuevamente las condiciones para que todos soñemos, para que todos ganemos. No voy a ser yo el que lo cuestione.

Almasy©


Fito & Fitipaldis: "Que me arrastre el viento" (asesorado por AGF)




lunes, 18 de mayo de 2015

237. ¿Podremos o no Podremos?

Como ya es tradición en esta bitácora, justo antes de algún proceso electoral cae una entrada de política. Y mira que suelo decir que no me gusta, pero siempre acabo sucumbiendo. Y no me gusta no tanto porque no me interese, sino porque en estos lares soy como con los afectos: me enamoro y me desenamoro rápido. Hay quienes en este terreno me acusan de frívolo, de tibio, de interesado, de ambiguo, de falto de posicionamiento. Nada más lejos de la realidad. Con ánimo de presumir, conozco bastante mejor todo lo que atañe al mundo de la política y de las ideologías -que no es lo mismo- que la mayoría de los que me invita a que "vote a..." o "no vote a...". De hecho, mi abstencionismo de los últimos años ha sido activamente consciente, ingenuamente poseído por la idea de que mi "no voto" podría contribuir a dejar escaños vacíos. En resumidas cuentas, que no es que prefiera emplear el domingo con los amigotes, sino que si no voto es porque mi escroto así lo ha determinado. Y mira que lo combato, mira que le repito que hay que tomar partido -nunca mejor dicho-, que hay que subirse a algún barco, navegar con un rumbo concreto. Pero me puede mi alma pirata. Ese espíritu libre -o esclavo, según se mire- que tampoco me deja creer en Dios ni en la bondad humana. No soporto habitar siempre la misma nave, recibir órdenes del mismo capitán, remar con los mismo marineros. Ese es mi sino y mi destino.

En esta ocasión, sin embargo, la cosa pinta diferente. Estoy tentado a acudir a las urnas. Más tentado que nunca, lo reconozco. El panorama es más variado y esto necesariamente implica más divertido. Los responsables no son otros que los de Podemos, no se puede negar. Independientemente de que los ames, los odies o te resulten indiferentes son los que han meneado la coctelera. UPyD y Ciudadanos entre otros se reclaman también como neófitos agitadores, pero el caso es que el DNI les traiciona. Unos del 2007 y los otros del 2006. Y hasta la fecha, más bien poco que contar. En el caso de UPyD, algún feliz discurso de Savater, que a la vista del percal se ha especializado solo en conferenciar, alguna intervención cañera de la Díez en el parlamento y más de una y más de dos salidas de tono tuiteras del Cantó para darle sabor a la vida. Y por lo que se refiere a Ciudadanos el posadito de Rivera ligero de ropa en un cartel electoral y... el posadito de Rivera ligero de ropa en un cartel electoral. Vamos, que unos y otros deberían tatuarse las siglas de Podemos a modo de agradecimiento -entenderíamos que fuese en un lugar oculto de su anatomía-.

Podemos ha sido una formación vertiginosa en todos los sentidos. Hasta para sus crisis. Nació al rebufo del 15-M, movimiento con muchos aspectos positivos, pero también negativos. En torno a él no solo protestó gente que quería cambiar el sistema, sino también mucha a la que el sistema no le reportaba los beneficios esperados, lo cual es muy distinto. Tampoco nos engañemos pensando en que los fundadores de Podemos tienen algo que ver con las personas a las que pretenden atraer a la causa. Son profesores de universidad en su mayoría, y les aseguro que un profesor de universidad dista milenios de la realidad de un obrero de la construcción o una empleada del hogar. Digamos que en el mejor de los casos manejan convenientemente la empatía, pero no sería de justicia poner a generales y huestes en el mismo nivel de sufrimiento. Desconfío además, y esto no es privativo de Podemos, de aquellos políticos que insisten en las propiedades que no tienen, los ocios que no gastan, las excentricidades de las que se apartan. Los clásicos, que tenían una locución para casi todo, lo resumían a las mil maravillas: "Excusatio non petita, accusatio manifesta". Y es que una cosa es la transparencia y otra el contumaz anhelo por dar un supuesto ejemplo a todas horas del día. Yo personalmente no lo necesito.

Otro punto débil de Podemos es el viraje de su programa al hilo de los acontecimientos. Todos lo hacen, es cierto, pero le ha hecho confundirse con aquellos de los que decía apartarse. Aunque no me pondré especialmente exquisito en este terreno si intento imaginar el acto fundacional del partido: los Iglesias, Errejón, Monedero y compañía un día a la salida de la facultad tomando cervezas en una cantina y lanzando soflamas bolivarianas entre ronda y ronda hasta que en el caliente etílico alguno pronunció: "¿A que no hay cojones a presentarse a las Europeas?". Y vaya si los hubo. Y vaya si salió bien. Pero hete aquí que la cosa se pone seria y ahora se han encontrado con un juego en el que las normas son las que son. Y el panorama indica que va a tocar pactar. Siempre ha sido así, pero las malditas mayorías absolutas nos impedían recordarlo. ¿Y cómo pactas ahora con aquel que llamaste casta? O mejor, ¿cómo explicas a los que te abrazaron por tu autenticidad y tu bendito radicalismo que te subes al carro? El juego de la política es muchas veces sucio, hostil, invita a callar, a estrechar hoy la mano del que ayer maldijiste, a tomar decisiones impopulares. No siempre es conseguir la canasta ganadora en el último segundo, recibir el MVP y hacerse la foto. Toca robar balones y, llegado el caso, zafarse en la zona con la más fea.

Sin embargo, a pesar de todos estos peros creo que es de justicia rescatar sus virtudes. La primera que desde hace años no veíamos otra liga que no fuesen a ganar el Madrid o el Barcelona. No solo se ha convertido en un aspirante al título, sino que, como ya he referido, ha revitalizado a todos los que estaban en el banquillo. En los últimos meses hemos contemplado que algunos -si no muchos- se estén poniendo nerviosos, muy nerviosos. De lo contrario no se explica el revuelo mediático por temas que vistos en perspectiva no son comparables. A mí por lo menos no me lo parece. Por ejemplo, que Monedero acomode la declaración de la renta para su beneficio creo que está a tres mil millones de años luz de tramas como la Púnica, la Gurtel, la financiación irregular de un partido o los ERES. Sería una falta en el medio del campo sin trascendencia frente a un hachazo dentro del área de penalti, roja directa e inabilitación de por vida, por aquello de seguir con el símil deportivo. Eso sin mencionar que todos los españoles, como es bien sabido, declaran religiosamente sus bienes, proceden en todo momento a facturar con IVA y jamás han recibido un solo euro en negro por ninguno de sus trabajos. Ni siquiera cuando ejercían de canguro de los niños de la vecina. Lo cierto es que algunos presentan estos deslices como la que se nos puede avecinar si estos gobiernan, pero eso es solo porque estaban en la inopia cuando su profesor de filosofía explicaba cómo allá en tiempos de Aristóteles se formulaba aquello de la potencia (lo que puede ser) y el acto (lo que es). Hablando en plata, que el PPOE son acto (consumado, para más señas) y Podemos sería potencia (lo que puede ser pero todavía no es). De hecho, y poniéndonos en el peor de los casos: que roben como los anteriores, creo que tenemos derecho a dejar que nos roben otros. Aunque solo sea por higiene facial. Vamos, que los miembros del PPOE serían como los jugadores de toda la vida y los de Podemos el mercado de verano, esos que engordan portadas del Marca e ilusionan al aficionado de turno.

Para terminar concluyo con una anécdota de la que en cierta medida también es responsable Podemos. El pasado domingo visitando los Madriles -los de provincias aterrizamos alguna que otra vez por la capital para sentir que viajamos- pegué la oreja a una conversación de tres parejas que consumían algo en una terraza de esas que te soplan 5 euros por un café -a los habituados al 1´10 nos entra hasta cierto mareo-. Comentaban su intención de voto y me llamó poderosamente la atención la de la mayoría: Cifuentes a la Comunidad y Carmena al Ayuntamiento. Lo que podría parecer una contradicción a mí sin embargo me resultó conmovedor. Tal vez Podemos también sea responsable de hacer tambalear las filias vitalicias e inalterables. De que no entendamos el terreno de la política como el del fútbol. Del Madrid seré toda mi vida, pero en ningún sitio está escrito que no pueda alterar mi voto, cambiar de opinión, votar hoy PP, mañana Podemos y pasado el Frente Popular de Judea si se me antoja. En determinados foros se vende como una virtud lo de "militante de toda la vida" y qué quieren que les diga, a mí, amén de aburrido, me parece hasta peligroso. Yo soy yo y mis contradicciones, suelo decir, y no ha nacido ni el guapo ni la guapa que me vaya a imponer un kit completo del que no me pueda salir. 

Una de historia para terminar, que es lo mío: siempre comento a mis alumnos que inmediatamente después de la IIGM Winston Churchill, el gran héroe británico, el defensor de las islas de la amenaza nazi, la persona que habrá dado nombre a cientos de plazas y miles de calles en el Reino Unido, no ganó las elecciones. El electorado debió entender que había sido un gran dirigente para la guerra, pero que para la paz convenía introducir aires renovados.

Almasy©




ALASKA & DINARAMA: "A quién le importa"