Hoy me
llego hasta esta bitácora para hablarles de alimentación, gastronomía y cocina,
asuntos íntimamente relacionados en los que he evolucionado sobresalientemente
en los últimos años. De hecho, me atrevería a decir que hasta no hace más de
365 días yo era un ser absolutamente carnívoro que en la actualidad ha sido
inclinándose hacia el omnivorismo. Más vale tarde que nunca, ¿verdad? Pero
créanme que la falta de voluntad y la carga cultural del paisano en cuestión
son poderosas y en mi caso el hecho de haberme criado rodeado de primos que antes
de acostarse se metían para el cuerpo media tripa de chorizo con la
correspondiente media hogaza de pan en detrimento del vaso de leche con
galletas han hecho mella en mí. Y no, no soy argentino -por lo de la carne-,
soy de León. Palabras mayores, háganme caso.
Precisamente
en busca y captura de ese omnivorismo me he ido cultivando en materia
gastronómica y culinaria, descubriendo así parajes hasta entonces desconocidos.
Fíjense que hasta hace bien poco la única maquinaria de cocina de cuya
existencia era consciente era del microondas -a lo sumo el horno para meter la
correspondiente pizza y la freidora ochentera de la mía mamma para las
patatitas crujientitas de rigor-. Pero hete aquí que en este peregrinar se me
han ido apareciendo sartenes, cazuelas, perolas, tarteras, planchas y hasta la
maravillosa, excepcional, poderosa e inigualable... (redoble de tambor y
arpegio de guitarra)... ¡Olla! De igual manera que en los supermercados he
descubierto secciones más allá de la de los congelados, tales como la de
¡productos frescos!, que hasta la fecha para mí habían pintado menos que el
pasillo de la comida para mascotas.
Pero la
cosa no se ha quedado ahí, pues otra cosa no, pero ávido de conocimiento e
inquieto por naturaleza lo soy un rato -bueno, tengo hasta una amiga que opina
que soy superdotado, pero yo creo que es la manera cariñosa de llamarme TDH-.
He ido más allá, hasta el punto de comprarme algún libro de cocina, trastear en
alguna web y de acercarme incluso hasta algún programa de televisión sobre la
materia en cuestión. He escuchado a los grandes, algunos de los cuales,
admitiendo que puedan ser unos fieras en lo suyo, no me negarán que dejan
bastante que desear en otros terrenos. Sin ir más lejos, ¿han oído hablar a
Ferrán Adriá? ¡Un genio de la cocina, un revolucionario, no me cabe duda; pero
cuando se trata de hablar en público eso de las frases con sujeto y predicado
se le complican un rato! ¿Y Arguiñano? Un tío listo sin discusión, pues no en vano
creo que haya pasado por el primetime de todas las cadenas pese a que unos días
sí y otros también lo mínimo que parece que haya consumido antes del programa
sea media arroba de setas alucinógenas, cuarto y mitad de peyote mexicano y
siete pintas de caldo riojano. Pasando por Arzak -que me recuerda a los abuelitos
entrañables que se atiborraban a orujo y se les ponían los ojillos tiernos-
y llegando hasta el mismísimo Chicote, de rabiosa actualidad por programas en
los que con delantales de Ágata Ruiz de la Prada que hacen bueno el refrán
-aunque la mona se vista de seda mona se queda- se planta en cocinas varias
para regalar sabias y medidas observaciones: "esto está más duro que el
martillo de Thor", "mantenerlo caliente debajo del culo de una
gallina" o "eres más guarro que la Potitos".
Precisamente
de los top chef me sorprenden algunas técnicas y vocablos que, cuando menos,
son carne para chiste fácil. Por ejemplo lo de "reducción", que viene
a ser el proceso de concentración o espesamiento de una sustancia líquida
mediante evaporación o ebullición. ¡Coño, como que se
queda en nada, cómo no se va a llamar reducción! Aunque si les soy sincero el
que me chifla con locura es el de "deconstrucción", que viene a ser
simple y llanamente cambiarle la textura a un alimento conservando su sabor: "mira, ¿ves este helado de cucurucho?, ¿lo ves? Pruébalo, ¿a que te sabe a
lubina con guarnición de pimientos del piquillo?". Fabuloso esto de "deconstruir" y un rato sofisticado, no me negarán. Tanto como si a "cagar" lo llamamos
"descomer", ¿no les parece? Bueno y ya cuando te mientan que han
utilizado el "nitrógeno líquido" para la elaboración de un plato se
te queda el body para mear y no echar gota. ¿Cómo que
nitrógeno líquido? ¿Eso no es con lo que la podóloga me quemaba el papiloma? ¿O
lo de las pelis de "A todo gas"? ¿Lo que permite que el coche lo pete
y salga despedido cual cohete?
Eso
sí, a mí no me engañan estos cabrones con mandil vendedores del humo de la
degustación que, por otra parte, de comer ensaladas no se les ve, pues cuando
algún entrevistador les pregunta por su plato favorito no se la juegan y van a
lo seguro: "huevos fritos con chorizo", "tortilla de
patatas", "bocadillo de sardinas con cebolla". ¡Acabáramos!
¡Haber empezado por ahí!
Almasy©
CHISPITA Y SUS GORILAS: "Comer comer"
1 comentarios:
Las fotos de los libros de cocina o internet (salvo los blogs), son algo utópico.
Respecto a la adquisición de artes culinarias:
Nunca es tarde si la dicha es buena.
Aunque en ocasiones...más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Un saludo!
Siempre es un placer leer tu blog!
Tamara
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