sábado, 13 de abril de 2013

206. El último aliento


"Camino de Santiago dando un rodeo del carallo" se estrenará el próximo 25 de abril en doble función en el teatro Villa de Móstoles. La sesión de las 12 h está completa por alumnos de otros institutos de Móstoles. La sesión de las 18 h está abierta a cualquiera que desee pasar un buen rato viendo cómo nuestros jóvenes tienen un potencial que se caga la perra.

Son las 0:23 de la madrugada cuando me dispongo con estas líneas. Mis retoñas duermen y se respira calma chicha en el hogar. Con la noche bien cerrada, una ligera duermevela invadiéndome y el olor a primavera asomando por mi ventana no puedo quitarme de la cabeza que el próximo 25 de abril verá la luz mi 6º musical desde que aterricé en el Rayuela, uno por año, ¡madre del amor hermoso! Ya tengo callo y bien pareciera que los nervios y la ansiedad no tuviesen permiso para asomar, y sin embargo lo hacen. Menos mal, porque creo que eso significa que sigo respetando lo que hago. Y otro año más diciendo lo mismo a estas alturas de la película: “este año es el último”. Pues eso, para no perder la costumbre: “este año es el último”. Eso sí, por primera vez en todo este tiempo me dispongo a reflexionar por escrito sobre la experiencia que supone antes de que vea la luz. Creo que resulta harto consecuente con el mensaje que intento darle a mis chicos: no importa tanto el producto final como el proceso que conduce a él. Dicho de otro modo, quiero ganar, no cabe duda, pero no de cualquier manera. Quiero hacerlo jugando bien. Me sobrevienen a la cabeza precipitadamente las primeras reuniones, las primeras expectativas, los cientos de emails cruzados por el camino, los cuadrantes de ensayos imposibles, los rostros frente al espejo buscando que no se pierda el paso, el palpitar de las músicas y de los corazones, el bocadillo a medio comer porque me toca bailar, las prisas, el que no llego, el que me regañan como falte, el temido ultimátum de Jaime, las sonrisas al final del día haciendo lo que más me gusta, lo que me saca de la rutina, de los problemas vividos y por vivir, lo que me insufla ese aire que necesito para seguir adelante...

Quiero que salga bien, ¡cómo no iba a quererlo!, incluso mejor que bien si es posible porque considero que se ha trabajado para que así sea, pero ante todo y sobre todo, independientemente del resultado, me quedo con la ilusión del camino, con el esfuerzo depositado tanto por los que han dirigido como los que han sabido dejarse dirigir, con el espíritu de equipo que ha reinado, con la convivencia de chicos y chicas desde 12 a más de 20 años durante unas sesiones de ensayos en las que como por arte de birlibirloque se borraba la fecha de nacimiento en el carnet de identidad para comportarse como un solo ente. El de Fuenlabrada con la de Móstoles. La de Getafe con el de Alcorcón. El de Leganés con la de Parla…

No me puedo olvidar tampoco de las dudas, de los llantos, de las lesiones, de los desalientos, de los nervios a flor de piel en algunas ocasiones, de más de un enfado y de más de una bronca, de los que no han llegado hasta el final por abandono voluntario o involuntario... Y no me puedo olvidar porque también forman parte del negocio que supone caminar. ¡No todo iba a ser de color de rosa!

Y soy incapaz de rescatar un solo nombre concreto, pues hace un rato, preparando el listado de los que estáis inmersos en este tinglado, me salen 102 almas sin contar la mía. ¡Cristo del Gran Poder, lo mío son las marabuntas al cubo y lo demás son tonterías! ¿Cómo entonces significar a uno solo pudiendo quedarme con agradecer a los 102 integrantes que me hayáis dejado conduciros hasta aquí? Pues eso, pase lo que pase: ¡GRACIAS A TODOS DE CORAZÓN!

Almasy©


LUAR NA LUBRE & ISMAEL SERRANO: "Chove en Santiago"

domingo, 17 de marzo de 2013

205. No me doy por aludido



Dice uno de mis referentes personales en la actualidad que una de las claves para reaccionar cuando te hallas taciturno y cabizbajo es cabrearse, buscar la ira que reside escondida en tu interior y sacarla fuera en lo que vendría a ser un cagarse en todo lo que se menea. A diario hay cientos de motivos para ello, pero no siempre uno percibe las señales necesarias para desatar el cabreo de marras. La semana pasada al menos un asunto fue lo suficientemente poderoso como para tambalearme y provocar hoy estas líneas: la publicación de unos supuestos resultados sobre el pasado proceso de oposición al cuerpo de maestros en los que se denunciaba que numerosos aspirantes no habían sido capaces de superar una prueba con contenidos al alcance de rapaces de 12 primaveras.

Como ando algo desentrenado en esto de la escritura, no acierto a buscarle un hilo conductor medianamente ordenado a todas las reflexiones que me sobrevinieron tras leer la noticia, es más, considero que como parte de un cabreo no procede dicho ordenamiento, pues a nadie en su sano juicio se le ocurriría reflexionar friamente si cuando se cisca en los muertos de alguien primero procede llamarle "bobo" para luego ir in crescendo hasta rematar con un "eres un anormal de libro, fijo que tus padres eran hermanos". Simplemente estoy en condiciones de largar cual diarrea el conjunto de pensamientos, muchos de ellos aderezados con exabruptos, que rondan no ya mi cerebro sino mis intestinos, con la única intención de que abandonen definitivamente el cuerpo en el que habito a diario:

1. En la medida en que los opositores que cometieron semejantes errores no consiguieron la pertinente plaza de maestro, no se puede decir que estos estén mal formados -los maestros, aclaro-. En todo caso los aspirantes titulados en magisterio que suspendieron la prueba. 

2. Ya  me gustaría ver a mí los exámenes que superan los miembros de la consejería de educación que rigen los destinos de la formación de la comunidad en la que resido y por extensión los del ministerio de educación. ¡Ah, si no superan ninguno, coño! Si para ser político lo único que se precisa es no tener alguna deficiencia mental acreditada, o sea con papeles, por lo demás, que pase el siguiente que hay sitio, cargo y sobre. Sin ir más lejos nuestra insigne consejera Lucifi, ha firmado alguna de las paridas más espectaculares que se hayan podido pronunciar en materia educativa en los últimos años. De esas que le dejan a uno frío y hasta le provocarían la risa salvo por el pequeño matiz de que esta señora es mi jefa y no soporto que alguien que está por encima de mí y gana mucho más dinero que yo sea infinitamente más subnormal que un servidor.

3. En el análisis de estos resultados bien podríamos remontarnos mucho más allá y tal vez preguntarnos cómo esos opositores obtuvieron la titulación de magisterio, y la de bachillerato, y la de la ESO, y la de primaria, y la de infantil... y en definitiva cuestionarnos si el sistema educativo en su totalidad ha sido convenientemente gestionado por el bipartidismo imperante en esta casa de putas llamada España.

4. Dicen que el informe lo eleva la inspección educativa, curiosamente la misma en la que muchos de los cargos provienen de la dedocracia imperante y en la que, como en todas las casas, nos encontramos gente capaz -que sabe, resuelve, se ocupa y se preocupa- y otra no tanto -inútiles que no saben a tocino ni aunque los unten y que cuando los requieres para solucionarte alguna pepla del día a día practican un palmario Poncio Pilatos, vamos que se lavan las manos-. De hecho, no se si sabrá el común de los mortales que también en este organismo existen los interinos, en este caso denominados "inspectores accidentales", que a ellos les sonará bien sofisticado pero a mí me evoca más algún título cinematográfico americano de serie B rollo "Inspector por accidente", con pechos y risa floja por doquier.

5. Las cosas no son blancas ni negras muchas veces, sino grises con todos los tonos habidos y por haber. Así, he conocido docentes con experiencia pero sin oposición que han sido un referente para mí, otros con experiencia y con oposición sobre los que solo se me ha ocurrido pensar "llevas 30 años en la profesión y los 30 haciéndolo mal", a jóvenes sin experiencia y con oposición más verdes que una vara verde a los que la administración llama docentes pero que bien a gusto podrían haber sido mamporreros, a jóvenes sin oposición tan capaces y resolutivos como el que más, dispuestos a comerse el mundo si les dejamos, a profes de todas las edades que por sus circunstancias personales jamás se sacarán la plaza y sin embargo la categoría de Maestros se la han ganado a pulso con su ejemplo diario y no en virtud de un examen que es solo eso, un examen.

6. Y en hablando de exámenes, cabría preguntarse si uno de esas características puede considerarse como la condición sine qua non para convertirse en un docente de garantías. De hecho, salvo en lo que a cuestiones de ortografía y redacción se refiere, yo más que un examen me atrevería a decir que a lo que se han sometido estos opositores es a un concurso de trivial similar a los que yo practico en fin de año con mi familia. ¿Qué examinamos pues? ¿Son acertados los modelos y contenidos que proponemos? Pienso en mí, sin ir más lejos, un ser dotado de una memoria regular tirando a deficiente que no me ha impedido convertirme en licenciado en historia, historiador -he ejercido como tal y a mi manera sigo ejerciendo- y profesor de historia, geografía y arte. Y no me pregunten quién fue el rey de Dinamarca en el siglo XII ni que les cite tres escritos de Heródoto porque lo tendría que buscar; pero es que una cosa es tener buena memoria y otra bien distinta saber historia. Existen multitud de cosas que no sé, pero sí sé cómo saberlas, comprenderlas y cómo hacer que otros las sepan, las comprendan y hasta se apasionen si se descuidan. De igual modo que un buen médico bien puede ser obeso, un magnífico mecánico conducir una tartana renqueante de segunda mano con apuros para superar la ITV y un estupendo cantante de ópera fumar como un carretero antes de salir a escena para marcarse un aria de toma pan y moja.

7. Por último y dedicado al conjunto de medios de desinformación del país que se han hecho eco de la noticia bailándole el agua a la fuente desde la que se generó: me cago en la reputa madre que os parió.

Almasy©


HAMLET: "Irracional"

sábado, 9 de febrero de 2013

204. Pero lo cierto es que...


Dijisteis que estaríais siempre a mi lado;
pero lo cierto es que os faltó tiempo para perderme de vista
en la primera esquina.

Dijisteis que cuando fuese mayor lo entendería;
pero lo cierto es que crecí, fui mayor,
y seguí sin entenderlo.

Dijisteis que siempre pisaría firme, que no caería jamás;
pero lo cierto es que apenas me descuidé un instante,
solo vi pozo y abismo.

Dijisteis que saldría el sol, que siempre sale;
pero lo cierto es que no asomaron más que luna y sombras.
Ni rastro de sol.

Dijisteis que solo estaba yo,
omnipresente, único, especial, imprescindible;
pero lo cierto es que simplemente fui uno más.

Dijisteis que era grande, compacto, intenso, todopoderoso,
superhéroe entre superhéroes;
pero lo cierto es que fui tan "burdo jirón de mí" como el resto.

Dijisteis que me lloverían miles de besos,
que perdería la cuenta con los cientos de abrazos;
pero lo cierto es que ambos cesaron en las decenas.

Dijisteis tantas cosas, tantas,
y tantas mentira, tantas,
y tantas tan imposibles de cumplir, tantas.


Almasy©


MARÍA CALLAS: "La mamma morta"



martes, 20 de noviembre de 2012

203. Ajustes, que son ajustes



La entrega de hoy se me antoja imprescindible para aclarar a todos los absurdos habitantes de este país el porqué de algunas de las decisiones más controvertidas que está adoptando el actual gobierno de la nación y más específicamente a la ingente ralea de perroflautas judeomasónicocomunistas antipatriotas que las critica, que se manifiesta contra ellas, que huelguea (del verbo huelguear) a como dé lugar, que se enfunda camisetas con lemas utópicos, que enarbola causas perdidas y por extensión poco rentables, simple y llanamente porque desconoce la arcana bondad que encierran, a saber:

El paro: no es sino una clarísima medida dentro la política de conciliación familiar que persigue el gobierno. Así, el desempleo es clave para que las familias atiendan convenientemente a sus vástagos, los lleven al colegio, les preparen la manduca, les revisen minuciosamente sus tareas y hasta jueguen con ellos. Y es que no me negarán que hasta le llegada del pepé al poder abandonadita estaba la prole de tanto trabajar. Fundamentalmente por culpa de las mujeres, esto resulta incuestionable, pues desde que al movimiento feminazi le dio por proclamar a los cuatro vientos que las hembras tenían los mismos derechos que los machos, estas habían dejado sus hogares manga por hombro.

El rechazo del matrimonio homosexual: normal y lógico, oiga usted. Y nada que ver con argumentos ultracatólicos primitivos y desencaminados como los de que la única unión admisible es la de un hombre con una mujer por aquello de cumplir con leyes divinas y naturales. La cosa va más por conservar eternamente el amor de estas parejas homosexuales precisamente apartándoles de su institucionalización, pues está visto y comprobado que siempre que la cosa concluye en matrimonio, lo cual no deja de ser un frío contrato, se apaga inevitablemente la llama de la pasión y se ilumina la del hastío vital y la monotonía. “Te casaste, la cagaste”, que dice un refrán. “Follas menos que un casado”, que dice otro. Y si lo prefieren hagan caso del gran Groucho Marx, que de esto sabía un rato: “El amor es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución”.

El aborto inadmisible en cualquier circunstancia: como debe ser si queremos una sociedad madura, adulta y responsable que sepa que todo acto, incluso el sexual, tiene sus consecuencias. ¿Que echaste un polvo?, pues apechuga. ¿O es que somos lo suficientemente mayorcitos para darnos un revolcón en el asiento de atrás de, pongamos un Seat León; pero luego reculamos y queremos escurrir el bulto cuando de asunción de responsabilidades se trata? ¡No hija no!, que decía el ilustre enpazdescanse Antonio Ozores.

Recortes en educación: claramente una disposición orientada a paliar los tradicionales desajustes existentes entre la oferta educacional y el mercado laboral de la nación y, por extensión, minimizar la frustración de nuestros jóvenes. Como lo oyen, pues habiendo percibido que la mayoría de los que estudiaban una carrera universitaria no conseguían en gran parte de las ocasiones dedicarse a una profesión relacionada con la misma, se ha optado por cercenar la opción de que se formen con la única pretensión de ahorrarles una tan innecesaria como evitable depresión. Ayuda humanitaria lo llamaría yo.

Recortes en sanidad: sin otro objetivo que preservar nuestra salud. No se me froten los ojos, que han leído bien: por preservar nuestra salud. Tanto es así que un selecto grupo de expertos científicos españoles dotados de material de investigación de última generación acaba de publicar un riguroso estudio en el que se demuestra que la principal enfermedad que aqueja a la población española es la hipocondría y nada mejor para combatirla que la terapia de choque: fuera médicos, fuera hospitales, fuera fármacos. ¿Acaso no dicen que muerto el perro se acabó la rabia? Ea, pues muerto y bien muerto.

Y como estas, otras cien, mil o diez mil (la eliminación de la paga extra a los funcionarios persigue fomentar el consumo responsable de los trabajadores públicos especialmente en fechas en las que este se dispara desenfrenadamente, como las Navidades; los deshaucios liberar a los propietarios de la pesada carga que supone llevar una casa; los ERES impedir que el personal se estanque profesionalmente hablando y quiera vivir a la sopa boba toda una vida; la fuga de cerebros estrechar lazos con otras naciones a partir del intercambio de trabajadores; bla, bla, bla). Y háganme el favor, háganse el favor, de hablar con propiedad. No llamemos recortes a lo que palmariamente son "ajustes", como la opción que seleccionamos en el móvil para activar la red wifi o el bluetooth. ¡Escogóllalo!, que dicen en mi pueblo.

Almasy©


Aventura: "Obsesión"


jueves, 1 de noviembre de 2012

202. Prosa poética



"Oda a la presilla de alambre con la que se cierra el pan de molde"

Pobre diabla. O diablo. Pobre tú y todos los tuyos. Don Nadie apátrida. Sinnombre, ¡con tantos nombres! Bien presilla que atenazas la bolsa del pan de molde, bien alambre, bien abrazadera que no haces sino abrazar para que no se escape lo que otrora fue simple trigo. A veces incluso tan innombrable como ignorada, maltrecha, deslabazada, informe, en ocasiones blanca, en ocasiones negra, huidiza, carne de cañón que te extravías a como dé lugar para dejar paso al mediocre anudado del plástico para poner fin a mis tristes desayunos.

"Al fin y al cabo solos"

Y es que al fin y al cabo estamos solos con nosotros mismos. Pese a los afectos regalados por los que nos acompañan en el camino amándonos. Ayer besos, hoy abrazos, tal vez mañana tiernas caricias. Poco importan estos al fin y al cabo si estamos solos. Tan solos. ¡Tan jodidamente solos! Y solos nos vivimos solamente todo el tiempo. Apenas unos ratos dulzaina festiva. Casi permanentemente triste violín que nos chilla sin reparo: ¡Solo, cabrón, estás solo!

"¿Madre?"

¿Madre? Dime hijo. ¿Que digo yo si puede saberse dónde está mi camisa de los domingos? Ahí. ¿Ahí dónde? Donde siempre. ¿Y dónde es donde siempre, madre? En el tercer cajón de la cómoda de tu dormitorio y de paso si haces el favor sacas también mi blusa. ¿Madre? Dime hijo. Que no las encuentro. Anda quítate que ya las cojo yo, que es mejor hacerlo que mandarlo. ¿Madre? Dime hijo. ¿Que digo yo que por qué me tapa usted cuando vengo a su casa a echarme la siesta si son 35 los inviernos que me avalan? Porque me da la gana, porque soy tu madre. ¿Madre? Dime hijo. ¡Que le digo yo que no ande usted preocupada toda la noche pendiente de mí, que se acueste y duerma, que volveré tarde! ¿Que no me preocupe dices? Eso mismo, madre, que no se preocupe. (Suspiro de madre).

Almasy©


Versión Bach Cello Suite nº 1

lunes, 15 de octubre de 2012

201. Sin todos mis respetos


Hoy vengo a hablarles de una tercera edad muy particular. Nada que ver con abuelitos entrañables, ni con tiernos ancianos; sino de ese sector de nuestros mayores maleducado, gratuitamente obsceno, picón, metomentodo y hasta inquisidor. Vamos, que hoy me referiré a algunos putos viejos de los cojones. Sin reparos, sin reconcomes, sin remordimiento de conciencia alguno por quebrantar una máxima que me tatuaron a fuego desde mi más tierna infancia: el respeto incondicional por todos aquellos seres humanos que me superasen en edad. Y créanme que durante años he intentado aferrarme a esta enseñanza, enarbolarla como si fuese mía, repetírmela hasta la extenuación con la firme intención de cumplirla incontestablemente; pero resulta superior a mis fuerzas el ser y el estar de determinados especímenes entrados en años a los que no podemos ni debemos excusar su comportamiento apelando a la edad.

Está así por ejemplo el “puto viejo de los cojones” –a partir de este instante PVDLC a fin de que mi madre y alguna que otra seguidora incondicional no me tire de las orejas por ser tan jodidamente deslenguado– que te encuentras sentado en la consulta del médico y se hace el sueco con el tema del turno dispuesto por la cita previa. “Llevo aquí desde las 4”, te suelta nada más verte. “Ya, pero ¿a qué hora tiene usted cita?” “A las 6:30”. “Mire, pues es que yo tengo hora a las 4, así que ahora paso yo”. “¡Pero es que yo llevo aquí desde las 4!”. “¡Por mí como si viene usted la noche anterior con el saco de dormir y acampa en la puerta del ambulatorio! ¡Usted tiene a las 6:30 y ahora entra mi menda!”.

¡Y qué decir del PVDLC que nació para capataz! Ese que madruga un día sí y otro también para apostarse junto a la valla que delimita un espacio en obras con la única pretensión de dar las pertinentes instrucciones a los operarios de turno. “¡Vais muy lento, esto pa´ Navidades no está terminado!”, “¡Los he visto más vivos en el cementerio!”, “¡Menos bocadillo y más ladrillo!”, “¡Animal, ese tabique está mal recibido!”.

Tampoco se pierdan a la PVDLC que te encuentras a media tarde en el autobús cuando regresas del trabajo más cansado que el mecánico de los “Transformers”. Peluquereada hasta la médula, pintada como una puerta, con sus mejores galas, casi con toda seguridad dirigiéndose bien al Corte Inglés, bien al Bingo. Tú sentadito y relajado –tu parada es la última de la ruta y no hay riesgo de pasársela–, dejándote invadir por ese medio sueño que sobreviene después de una dura jornada, hasta que percibes que no te quita ojo. Desvías la mirada, compruebas de refilón que no llevas la bragueta desabrochada, pero ella insiste en contemplarte fijamente. Te inquietas dando a entender que empieza a incomodarte su actitud, intuyes a lo lejos algo parecido a un “¡qué vergüenza esta juventud!”, hasta que tras mucho cavilar descubres el pastel: ¡quiere que le cedas el asiento!

Luego está la parejita de PVDLC que iban para detectives privados y se quedaron en cotillas de pueblo. Un buen lugar para encontrárselas es a la salida de misa, cuando uno puede estar, pongamos, haciendo que limpia el coche. Detectan tu presencia a 500 metros –ríome yo de los radares de los guardacostas– y con una sutilidad fuera de lugar se te aproximan: mueven la cabeza, cuchichean, agudizan los sentidos, hacen aspavientos… ¡Imposible percatarse de su presencia! Eso sí, lo mejor de todo es que deben pensar que estás tan sordo como ellas porque justo cuando te tienen a escasos 2 metros se paran para decirse al oído: “¿Y ese de quién es? ¿De los Cucharetas? ¿El nieto de Rambal? ¿El yerno de Davicín? ¿El mayor de Maruja?”. ¡Coño señoras, pregúntenmelo directamente o espérense a doblar la esquina para que no les escuche!

Y por último y no por ello menos importante, un clásico: el PVDLC más salido que el pico una mesa. Ese que lo mismo le da pelársela en los urinarios públicos en cuanto te descuidas –he tenido el infortunio de contemplar la escena varias veces y créanme que se me ha revuelto el estómago y he tenido pesadillas durante una temporada–, que apostarse en el metro a la hora punta para regalarse algún restregón mañanero con alguna jovencita recurriendo al tradicional método de arrimar la cebolleta, que ponerse burro en el baile de la residencia de ancianos para acabar apretándose fogosamente a su conquista en algún reservado de la estancia. ¡Puritica lujuria, oigan!

Almasy© 


jueves, 20 de septiembre de 2012

200. ¡Vivan los novios!



Hace algunos años, resultar invitado a una boda era sinónimo de distinción, orgullo y satisfacción inequívocos: “Se han acordado de mí”, “Como no podía ser de otra manera”, “Si se les llega a olvidar, les retiro hasta el saludo”. Se afrontaba el evento con tremenda ilusión tanto por contrayentes como por invitados y el gran día no duraba menos de una jornada completa, un fin de semana y, en el caso de los más echados para adelante, hasta varios días con sus correspondientes noches.

Sin embargo, la cosa ha ido cambiando a marchas forzadas. Tanto que según de quiénes sea el compromiso uno hasta casi agradece que se olviden de él. Que su nombre no asome en la confección de la lista de invitados, que ni por un momento va a sentirse ofendido por semejante omisión. Los motivos en este caso son de toda índole y condición, pero ante todo y sobre todo de carácter pecuniario. Vamos, que como seas uno de los elegidos toca rascarse el bolsillo. En primer término para la despedida de solter@, una horterada muy gorda que antes solía resolverse con cena y barra americana –ellos disfrazados de toreros jaleando salidos como macacos a una stripper femenina y ellas ataviadas con pollas de plástico en la cabeza jaleando salidas como macacas a un stripper masculino–. Total, que el suplicio duraba a lo sumo una tarde-noche. Ahora no. Ahora la moda está en reservarse un fin de semana completo en algún remoto lugar de la geografía –lo que se traduce en no menos de 300 aurelios– para embarcarse en alguna mariconada más original, especialmente actividades de multiaventura que no has practicado en tu puta vida. De modo que no queda otra que, pese a lo más parecido al deporte que hayas ejercitado en tu miserable existencia haya sido el levantamiento de vidrio en barra fija, como por arte de birlibirloque te veas embutido en un traje de neopreno reventón descendiendo un barranco o pretendiendo aventurarte sobre una tabla de surf.

A continuación se suceden dos nuevos atentados a tu economía: el regalo y el modelito que se lucirá. En cuanto al regalo hay tres opciones: tirar de lista de bodas –que es como la carta a los Reyes Magos tocándote a ti ejercer de Melchor, de Gaspar o de Baltasar–, comprar tú lo que te salga del cimbel –corriendo en este caso el riesgo de adquirir algún objeto especialmente inútil o repetido, tipo una vajilla que no vayan a usar jamás– u optar por el siempre recurrente sobrecito con dinero en metálico, con respecto al que me pregunto si el gobierno no estará pensando obligar a extender factura con el correspondiente IVA. Su entrega suele ser además uno de los momentos más embarazosos del convite. Por ejemplo, cuando los novios se pasean por las mesas a ver si ha gustado el cubierto con el que han deleitado a los asistentes –a lo que por supuesto siempre dices que “todo estupendo” aunque hayan servido salpicón de sardinillas en lata y mortadela de buey a la piedra–. Así, cuando alcanzan tu mesa, sutilmente, como si estuvieses traficando con papelinas, les largas el correspondiente sobre acompañado del tan tradicional como embustero: “todo genial”. O bien en pleno baile, acercándote felinamente hasta el novio y deslizándoselo con disimulo por el bolsillo de la chaqueta ­–a la novia quedaría feo metérselo entre las tetas–.

En cuanto a la pepla del atuendo he de significar que agradezco a los dioses sobremanera el haberme dotado de aparato reproductor masculino para este asunto. Sencillamente porque los tíos lo tenemos bien fácil y las tías bien jodido –porque quieren, todo hay que decirlo–. Así, los varones solo tenemos que desempolvar del armario el único traje que tenemos. El de las bodas. A lo sumo cambiarle la camisa y, si nos ponemos caprichosos, hasta la corbata; pero de ahí no pasa. Las mujeres en cambio afrontan el difícil reto del: “¿qué me compro?”, “¿de corto o de largo?”, “¿vestido, falda y blusa o chaqueta–pantalón?”, “¿y si llueve?”, “¿y si hace frío?”, “¿y si no hace frío pero ponen el aire acondicionado muy fuerte durante el convite?”, “¿y si después de gastarme una pasta aparece alguna hija de la gran puta con un modelo como el mío y me revienta la exclusiva?”.

Para que finalmente llegue el gran día. Con un poco de suerte la boda es de tarde y no hay que madrugar. Nuevamente aquí acontece una marcada discriminación de género: los hombres a dormir la mañanada y apurar hasta el momento crítico, las mujeres a levantarse al alba para la chapa y pintura que le aplicarán en unos antros de tortura eufemísticamente conocidos como centros de peluquería y estética. Seguidamente camino del Ayuntamiento –para casos de contrayentes que serán condenados a padecer en los Infiernos por el eludir el santo sacramento– o de la Iglesia –para aquellos que anhelan gozar de la vida eterna en los reconfortantes Cielos– con el siempre tradicional “¡vamos tarde!” en la boca y preferiblemente vacunados para recibir el correspondiente tostón civil o religioso. Unos cuantos “en la salud”, “en la enfermedad” y “para toda la vida” después –siempre que no hayas sido lo suficientemente inteligente para pasarte la ceremonia tomando cervezas– llega el tiempo muerto. Ese espacio en el que nadie sabe muy bien qué hacer ni a dónde dirigirse mientras los novios van a echarse las fotos más moñas que uno pueda echarse a la cara. Si el restorán queda alejado no hay duda: toca tirar de GPS para peregrinar hacia el lugar del papeo. Si por el contrario queda cerca lo más recomendable suele ser darle continuidad a las cervezas. Luego ya todo discurre relativamente fluido: cocktail de bienvenida –ese en el que uno nunca sabe si ponerse hasta las trancas por lo que pueda venir o reservarse el buche para el banquete propiamente dicho–, convite y baile. En este último se agradece enormemente la barra libre para poder soportar alcoholizado algunas de las escenas más pintorescas de tu existencia: a tu padre desenfrenado dándolo todo en la pista de baile con el pantalón remangado y la corbata en la cabeza, a tu madre con la faja a media asta meneándose sensualmente al son de “Paquito el Chocolatero”, a tu tía Herminia tirando de ti salvajemente para que te sumes a la “Conga”, a tu tío Julián diciéndote que si no te gusta el pasodoble es que no tienes ni puta idea de música o a tu primo Lucas comiéndote la oreja medio mamado para que le presentes a la rubia del vestido rojo. Que cree que se ha enamorado. Y todo ello ante la atenta mirada de tu abuela, quien sentadita en un tresillo observa sin perder un solo detalle las hazañas de unos y otros. ¡Pobrecita mía, lo que tiene que ver a estas alturas del recorrido!

Almasy©


CAMARÓN DE LA ISLA: "Soy gitano" (tangos)