Parece que fue ayer y ya cuento, contamos, con 150 entradas en esta bitácora. Corría octubre de 2007 y me convencí de ser un escritor doméstico que no se conformaba con leerse a sí mismo. Y es que uno es más de memorias que de diarios. Hoy simplemente quería agradeceros a vosotros, seguidores incondicionales, que la sigáis haciendo posible con vuestras puntuales lecturas. Que cada uno se dé o no por aludido:
A ti, que me dejas desayunar contigo cada viernes, al calor de ese café mañanero que sabe a gloria bendita. Permitiéndome contemplarte esbozando una sonrisa, retorciendo el gesto, aprobando o desaprobando el manojo de letras que he dispuesto ese día.
A ti, que buscas un hueco entre biberones y pañales para apostarte frente a la pantalla y abordar la historia que compuse para ti. Pensando en ti. Solo en ti. “Eso se lo dirás a todas”, pensarás.
A ti, que sé que me respetas y me aprecias tanto como yo te aprecio y te respeto a ti, pese a que me leas la cartilla con asiduidad porque dices que me meto mucho con “El Cejas”. No es para tanto, mujer, si en el fondo, muy en el fondo, hasta le tengo cariño.
A ti, que sé que tu apretada agenda te impide seguirme semanalmente y que has optado por pegarte un atracón de entradas en cuanto hallas ese momentito de ocio que tanto te cuesta encontrar.
A ti, que me cuentas que te imprimes cada entrega porque te gusta saborearla en el tren camino de la facultad. Te pido disculpas encantado si alguna vez te has embebido tanto que te has pasado de estación.
A ti, que ejerces de promotor literario certera y desinteresadamente, recomendando a propios y extraños que se acerquen a la Espiral en busca y captura de una historia que les llene. Porque les hace reír, porque les hace llorar, porque les hace pensar, por algo.
A ti, que jamás reconocerás que me lees pero lo haces.
A ti, que me consta que te apetece hacer un comentario o mandarme un correo al hilo de una entrega que te haya seducido, pero no acabas de arrancar. Anímate hombre, mujer, que no muerde.
A ti, que casi nunca faltas a la cita, alimentando ese contador de visitas con numeritos que recoge cada ingreso.
A ti, que enriqueces mi pobreza intelectual con eruditas consideraciones y referencias que apenas acierto a entender.
A ti, que con tus sabios y extensos comentarios obsequias al personal casi con una entrega paralela en toda regla.
A ti, que me consta que persigues y denuncias los deslices ortográficos, que no ortopédicos, y gramaticales en los que incurro fruto de la precipitación y hasta de la ignorancia. Te agradezco sinceramente que me ilumines.
A ti, que me indicaste que últimamente esta bitácora es lo único que lees.
A ti, que reprendes maternalmente mis exabruptos. Te juro que estoy intentando moderarme. O al menos administrar más espaciadamente los tacos de los cojones que penden por doquier de mi deslenguado ser y estar.
A ti, que en cierta ocasión me dijiste que te alegro la semana con cada entrega. ¡Menuda responsabilidad! Y también a ti, que afirmas que no te convence, pero insistes semana a semana. ¿No será que sí te convence?
A ti, que aunque hace tiempo que no nos vemos porque nos separan kilómetros o circunstancias, afianzamos un nexo indestructible cada vez que nos encontramos en la red.
A ti, que ni siquiera hemos tenido oportunidad de conocernos en carne y hueso, y sin embargo, ¡sabes tanto de mí!
A ti, que me acompañas desde el principio de esta andadura y a ti que te incorporaste tarde, bien y para siempre. Espero.
A ti, que reconoces que lees una entrega sí y veinte no. Pues que sepas que solo por esa una merece la pena el aterrizaje digital de cada semana.
A ti, que me alientas cuando las musas me abandonan y me tienta concluir la aventura. Gracias por disuadirme para que no lo haga, para que no me raje, para que perpetúe esta afición que ha mutado casi en obligación.
A ti, a vosotros, a los que estáis y a los que vendrán.
Almasy©
LOS RODRÍGUEZ: "Brindo"


