No me he referido antes a la agresión sufrida por el profesor Neira cuando acudió al socorro de una mujer maltratada porque necesitaba cierto tiempo y perspectiva para escupir por esta boquita. Pensaba que cuando lo hiciera estaría más sereno y podría emitir un juicio más cabal; pero lo cierto es que estoy igual o peor que al principio y ya no puedo esperar ni un minuto más sin pronunciarme sobre el tema. Mucho se ha hablado en las últimas semanas sobre su acto heroico, sobre el matón que le propinó la paliza y sobre la pécora a la que asistió. Es más, esta última ha peregrinado por programas de televisión varios como el Tío Vivo de Tela Hinco sacando tajada de un asunto que, no nos olvidemos, ha concluido con el superhéroe postrado debatiéndose entre la vida y la muerte.
Por poner un poco de orden y concierto a la avalancha de pensamientos que me sobrevienen me van a permitir – y si no lo hacen les va a dar igual – que los refiera mediante los siguientes titulares:
El agredido: a algunos, tal vez a demasiados, se les ha olvidado que este es el más importante. En primer término por él mismo y en segundo lugar por la familia que puede dejar atrás si no le llegan buenas cartas para salir de esta mano. Porque manda huevos que acudas al auxilio de alguien y termines en la cama de un hospital visitado por el temido “Mr. Coma”. Y ayer le dieron la medalla al mérito de no sé qué y pasado le concederán la del no sé cuál – esperemos que no sea una a título póstumo –, pero el caso es que él está harto jodido mientras que su agresor come de caliente en la cárcel y la auxiliada se pasea cual mercenaria por un programa de televisión y otro también. Y no sé a ustedes, pero a mí eso me enciende y saca lo peor que llevo dentro. Me atrevería a afirmar incluso que despierta al pequeño dictador que todos portamos en nuestro interior: “Si me dejaran a mí solucionarlo…” Además, aviva la odiosa tendencia de que siempre que presenciemos algún incidente de este tipo miremos para otro lado y apuremos el paso no sea que nos vaya a tocar a nosotros la china. Porque insisto en que, si bien ahora el pobre Neira ha sido elevado a la categoría de héroe, como mínimo precisa de un millón de tubos para poder respirar. Y eso lo saben hasta los negritos del Paraguay.
El agresor: su acción confirma que, a diferencia de las películas, en la vida real suelen ganar los malos cuando no todas las veces, al menos la mayoría. Para más inri, ahora alegará que estaba drogado o enajenado y entre patatín y patatán le saldrá baratita la broma. Además, si le da en prisión por estudiar un ciclo de Formación Profesional de grado medio o hacer un cursillo de papiroflexia on-line, le rebajarán la pena entre seis u ocho años, para finalmente abandonar el talego casi sin que las primeras canas le hayan asomado en el cogote.
La auxiliada: resulta que ahora nos viene con que no la estaban agrediendo y que el tal Neira es un entrometido que fue a oler en un entierro para el que no había comprado cirios pascuales. “Total, si me estaba calzando un par de hostias mi novio era porque seguramente me las merecía”, le ha faltado manifestar. No contenta con eso se ha embolsado una talegada buena por ir a contar su mierda y encima tenemos que oír a algún lerdo manifestar que la pobre no está bien y que necesita asistencia psiquiátrica para superar el trance. ¡Mis cojones treinta y tres! ¿A que para engordar su cuenta corriente no estaba tan mal la criaturita? Seguro que le ha causado un stress de aquí te espero lo de ver sumarse cifras a esgaya en su libretica de ahorros.
La prensa: algunos medios, en su línea de lucrarse con las miserias y penurias de los demás, han tirado de chequera y han pagado generosamente a la susodicha para que diera su versión de los hechos. Además, no pocos fatos de la profesión han recurrido a la siempre manida coletilla de que están informando sobre lo que interesa y por supuesto de que afortunadamente existe libertad de expresión en este país. Y la gente como somos gilipollas y además nos va la marcha y el morbo, pues a tragar lo que nos echen o lo que nos merecemos, nunca se sabe.
Finalmente, no nos queda otra que esperar anhelantes la pronta recuperación del profesor, el cual cada vez es menos noticia en esta sociedad globalizada en la que ni la peor de las catástrofes del mundo mundial se mantiene en antena mucho más allá de una semana. Si ya lo decía Machado: Todo pasa y todo queda; pero al fin y a la postre, mal que nos pese y aunque nos empeñemos, lo nuestro es pasar. ¡Qué boldre!
Almasy©
Serrat & Sabina: “Cantares”



