viernes, 11 de abril de 2008

23. El abuelo Cebolleta


     
     En todos y cada uno de nosotros anida un abuelo Cebolleta de esos que rememoran ocasionalmente el pasado con nostalgia y hoy ha llegado mi turno. No me atrevería a sentenciar como Manrique que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí más romántico en muchas ocasiones por lo laborioso que era la consecución de un final feliz. Y me voy a referir fundamentalmente a las vivencias que los treintañeros entre los que me incluyo tuvimos ocasión de experimentar. Años luz eso sí en materia de dificultad de las de nuestros padres y/o abuelos básicamente porque, como me insiste acertadamente mi sesentón progenitor, ellos no vivieron, sobrevivieron.
     El catálogo de experiencias que han sufrido cambios radicales es infinito, si bien me referiré estrictamente a tres de las que dejaron mayor huella en mi retina:

1. VIAJAR EN COCHE

     Considero que antiguamente no viajábamos en coche, nos aventurábamos. El auto familiar, por ejemplo en mi caso, era un Renault 7 (“Culo Pollo” lo llamábamos), lo que traducido a trayecto significaba Madrid-León en 5 horazas enteras y verdaderas. Se hacían necesarios por tanto los pertinentes bocadillos, un repertorio de canciones “excursioneras” y al menos un par de paraditas de rigor para aligerar vejigas. Me llamaba la atención especialmente la cuidada seguridad de los coches de antaño: cinturones exclusivamente delanteros, los de atrás a joderse tocan y a amarrarse a las cinchas sobre las puertas. El resto del equipamiento también era espectacular: frenos “ahí va ese”, cierre totalmente descentralizado y elevalunas tope manuales. Los coches de ahora tienen 200.000 ó 300.000 airbags (consultar catálogo), cuadrigas de caballos y toneles de cilindros. Sin embargo, los viajes, aunque más cómodos, son más aburridos y seguimos matándonos en la carretera como nunca.

2. QUEDAR CON LOS AMIGOS

     Es frecuente escuchar en boca de todos los que han mamado el teléfono móvil desde pequeños que te pregunten: “¿Oye, y cuando no había móviles, cómo quedabais?” Pues créanme que lo hacíamos, y sin tanta parafernalia. Antes se quedaba “donde siempre” o como mucho tirabas del telefonillo del colega en cuestión para que bajara. Incluso si tu balcón quedaba a tiro del amiguete de turno no era extraño hacer uso del grito a lo Tarzán: "¡Enriqueeeeeeeeeee, bajateeeeeee yaaaaaa!" No hacía falta más. Ahora son precisos 7 mensajes y 10 llamadas perdidas previas que muchas veces no sabes cómo interpretar. Y encima la gente sigue perdiéndose y llegando tarde a los sitios. Afortunadamente las señoritas “Batería” y “Cobertura” se encargan de darle el necesario puntito de improvisación y espontaneidad que cualquier quedada debe tener. Supongo que para solucionarlo a algún ingeniero cabezón se le ocurrirá, en apenas unos meses, que salgamos de casa pertrechados de un GPS unipersonal que ubique a nuestra pandilla en las coordenadas precisas: “quedamos en los 37 grados 15 minutos latitud norte y en los 55 grados 34 minutos longitud este, ¿vale?”

3. EUFEMISMOS Y VACUA CORRECCIÓN

     No me cabe ninguna duda de que asistimos al momento de la historia en el que recurrimos a un mayor número de eufemismos y sentencias políticamente correctas, aunque en el fondo sigamos siendo más falsos que Judas y más brutos que un arado. Hemos dejado, por ejemplo, de “estirar la pata” para decantarnos por “fallecer” o “pasar a mejor vida”, como si alguien hubiese ido y regresado del “Más Allá” para verificar que efectivamente criando malvas se vive de puta madre; ya no estamos “gordos coma una foca”, sino “fuertes” o a lo sumo “obesos”, que suena como a beso grande o portugués, y sobre todo hemos sustituido nuestro tradicional “estoy hasta los cojones” por el manido “estoy estresado”, como si cada vez que anheláramos alcanzar cierta sofisticación precisáramos de algún anglicismo. Y el colmo es que incluso ya no podemos “morirnos como nos dé la gana”, ahora se lleva lo de “perecer con dignidad” y “luchando hasta el último momento”. ¡Con la pereza que da!

     Sin embargo, después de todo lo apuntado y de la repentina morriña que me invade y que he sacado a pasear, no puedo sino aferrarme al presente y mirar hacia el futuro. Eso sí, siempre teniendo muy presente mi AYER para aquilatar convenientemente cuán afortunado soy HOY. De hecho, afirmar que la historia “no me gusta” o “no me interesa” debería estar prohibido por Ley Orgánica cuando menos, pues tales sentencias nos convierten automáticamente en los seres más paletos sobre la faz de la tierra.

Almasy©



QUEEN: "Bohemian Rhapsody"

viernes, 4 de abril de 2008

22. Recién llegado



Llegó al centro para afrontar su primer día de clase. Su padre no podía trabajar legalmente aún, pero en algún sitio de no se sabe qué ley se especificaba que él debía estar escolarizado. A fin de cuentas solo tenía doce años y todo parecía indicar que habían aterrizado en un país desarrollado de esos que establecían la escolarización obligatoria hasta los dieciséis años. No habían podido acompañarlo porque para su progenitor también era su primer día en la obra. Acudió solo, con las legañas a medio lavar, apenas desayunado y sin disponer todavía de la ropa adecuada para afrontar las inclemencias de ese nuevo clima tan distinto al suyo. Hacía un frío espantoso aquella mañana, absolutamente impropio de un lugar en el que se suponía iban a toparse con la buenaventura. Un primitivo sorteo de pajitas había determinado que fuese él quien acompañase a su padre en pos de la prosperidad. En el hall los alumnos más tempraneros comenzaban a deambular hacia sus clases. A él le habían dicho que se dirigiera a secretaría para recibir sus libros y que posteriormente el jefe de estudios le indicaría el aula a ocupar. En sus manos fueron depositados hasta 12 volúmenes diferentes cuidadosamente encuadernados. Únicamente había visto tantos libros juntos en aquella visita a la biblioteca nacional en primaria. Apenas comprendía siquiera los enrevesados títulos de aquellas obras: Tecnología, Educación Plástica y Visual… Todo era tan distinto. Tras recibir el material apareció una dama enjuta aunque bien parecida a pesar de que rondaba los sesenta. Conocía su nombre y le regaló su primera sonrisa desde que había llegado. Inmediatamente el gesto se tornó serio y las palabras veloces. El vómito de información fue contundente: ya tienes tus libros, este es el plano del instituto, este es tu horario, estos son tus profesores, por acá se va a tu aula, por allá se sale al patio y ahora espera aquí que te acompañará a clase tu tutor. Pasados unos instantes se acercó un tipo fornido de apariencia afable. “Me llamo Rodrigo y soy tu tutor”. Aquel había sido el mensaje más directo y sencillo que había escuchado desde el momento en que había recibido al nuevo día. Rodrigo hizo un gesto seco con la cabeza que rápidamente comprendió: “Vamos”. Casi al unísono embocaron las escaleras que les conducían hasta su aula de referencia. Cuando entraron, más de la mitad del grueso de la clase se encontraba terminando de aparatar sus abrigos y materiales. Él permaneció cabizbajo y se dirigió con algún titubeo hacia el único pupitre que parecía no tener dueño. Nada más acabar de sentarse el tutor introdujo escuetamente al inquilino recién aterrizado: “Tenéis un nuevo compañero”. De refilón ojeó su horario y se dijo: “¡Cielo santo, 6 horas aquí metido!”

Almasy©



Frank T, Zénit & Ari: "Suelo soñar"


viernes, 28 de marzo de 2008

21. Me niego a... "Física o Química"



     No me considero de esos que opinan gratuitamente. De hecho, me gusta informarme previamente antes de emitir juicio alguno, siguiendo así las instrucciones gastronómicas que me diera mi progenitora en mi más tierna infancia: “¿Cómo sabes que no te gustan las acelgas si no las has probado?” Por este motivo no quería criticar la serie televisiva a la que me voy a referir sin antes haber visionado al menos un par de capítulos (confieso que también intenté abordar un tercero pero sin éxito, pues el cabreo y el sopor me invadieron hasta el punto de impedirme terminarlo). Les sitúo por si hubiera todavía algún despistado: noche de los lunes, a eso de las 22.30 horas, Antena 3, “Física o Química”, teleserie que dice recrear sin rebozo alguno el universo adolescente actual, o al menos eso he leído proclamar a los cuatro vientos tanto a sus guionistas y productores como actores. Yo por mi parte me niego a asumir como propios los estereotipos, historias y mensajes que dicho programa hace públicos con insultante facundia. Y me niego fundamentalmente porque si los responsables del producto en cuestión simplemente se consideraran como creadores de una ficción televisiva sin más, tendría que limitarme a cerrar mi bocaza. Ficción es ficción y punto. El problema radica en que, como les he anunciado, la serie osa a presentarse como una visión fidedigna de la vida cotidiana de nuestros jóvenes. Aquí también tengo un problema que no es baladí: “¿qué es ser joven?” La cuestión es primordial porque impondrá que yo pueda expresarme en 1ª persona del plural: “Los jóvenes somos…” o que deba recurrir a la 3ª: “Los jóvenes son…”. Treinta una canículas a mis espaldas, ¿qué les parece? La estadística demográfica indica que se es joven oficialmente hasta los 14, pero me van a permitir que por ahora me incluya en el saco de la juventud divino tesoro. Y lo primero que se me antoja es que los jóvenes no somos así y que la seriecita de marras ofrece una espuria a la par que distorsionada imagen de nuestro ser y estar habitual. Me niego a admitir, por ejemplo, que nuestro ocio se reduzca al consumo de surtidos de estupefacientes varios y la organización de salaces orgías. ¡Ya nos hubiera gustado a más de uno fundamentalmente eso de las orgías! Asimismo, me niego a aceptar que abunden en nuestras cuadrillas de amigos los macarras drogadictos-xenófobos-machistas-homófobos (lo tienen todo los angelitos), que nos droguemos en los baños del instituto un día sí y otro también o que nos lo montemos con nuestra “piba” en algún cuarto oscuro del mismo. No hablamos con el móvil en clase, ni le contamos al profe abierta y procazmente nuestra última experiencia sexual, así como tampoco nos expresamos continuamente así, ni bien ni mal, sino raro: “Jo tía”, “Jo tío”, “No me ralles”. Y entiendan que no me niego a asumir todo esto por pura moralina conservadora, simplemente es que no me reconozco ni a mí ni a la inmensa mayoría de mis alumnos (sobre los profesores de la serie y su imagen de estólidos peleles sin personalidad definida no me meto porque soy parte interesada y absolutamente subjetiva por eso de pertenecer al gremio).
     Sin embargo, a pesar de todo lo apuntado, “Física o Química” es líder de audiencia en esas noches televisivas de los lunes, motivo por el cual me tengo que volver a negar a algo, en este caso a reconocer que la mayoría siempre tenga razón, aunque disfrute, eso sí, del derecho a visionar lo que se le ponga en sus santísimos cojones (que diría el también televisivo Don Lorenzo), ¡faltaría más!

Almasy©



SERRAT & SABINA: "La del pirata cojo"


viernes, 7 de marzo de 2008

20. Votar o no: el desenlace



In memoriam de Isaías Carrasco, asesinado en el día de hoy.


     Lo prometido es deuda amigos y allá por el día de los enamorados os insté a echarme un cable en eso de acudir a las urnas o no el próximo 9 de marzo. Advierto que, salvo contadas excepciones, no habéis sido nada disciplinados, ignorando en la mayoría de las ocasiones el formato correo electrónico para hacerme llegar vuestras aportaciones. Empero, sí es cierto que subrepticiamente todas y cada una de vuestras manifestaciones –vía email, comentario bitacorero u oral– me han permitido extraer ese comprometido “grandes éxitos” de sugerencias a favor y en contra de ejercer mi derecho al voto. Como también juré no revelar vuestros nombres y no quisiera condenarme, procedo a reproducir las aportaciones que me han causado un mayor impacto disfrazando vuestras identidades con nombres de mi cultura televisiva infantil. Advierto que las citas no son literales en la forma pero sí en el contenido, habiendo retocado yo mismo el estilo de algunas de ellas a fin de que resultaran más atractivas y aportado otras de mi cosecha propia (para eso es mi blog, ¿no? y aquí a lo que hemos venido es a hablar de mi blog):

A FAVOR DEL VOTO

-DON PIMPÓN: Por respeto a cuantos lucharon o simplemente no disfrutaron del derecho al voto durante mucho tiempo.

-ESPINETE: Porque actualmente parece ser el único resquicio con el que elevar nuestra voz en dirección a los tímpanos de nuestros gestores.

-NIEBLA: Porque aunque nunca me presentaría a un proceso electoral ni dedicaría un solo día a hacer campaña, sin embargo prefiero que haya elecciones a que no las haya (por edad, tengo incluso algún recuerdo de cuando no las había y era mucho peor que esto). Así que, si quiero que haya fiesta y no toco en la orquesta, al menos bailaré entre el público.

-HEIDI: Porque no me da lo mismo que gobierne el PP o que gobierne el PSOE. Con las miserias de cada uno, con los sapos tragados en cada ocasión. Con todo y con eso, tengo clarísimo que prefiero que gane uno de los dos. Porque uno, en el día a día, me come la moral y mueve las fichas hacia donde yo ni voy ni quiero ir. El otro mira para donde yo, aunque haya ocasiones en que no vemos lo mismo.

-CHANQUETE: Por diferenciarme de los violentos que solo entienden del estruendo de sus pistolas y/o bombas para hacerse notar.

EN CONTRA DEL VOTO

-LA ABEJA MAYA: Porque la abstención, sobre todo si es consciente, es una opción más perfectamente válida, mientras que el voto en blanco es tan absurdo como acudir a un sitio para decir que no tienes nada que decir. La pena es que cada voto no emitido no tenga su correspondencia con escaños vacíos en el Parlamento para hacer público nuestro descontento con la clase política.

-OLIVER: Porque te arriesgas a emitir el mismo voto que otros seres humanos con los que a priori no compartes absolutamente nada y eso podría repercutir severamente en tu salud mental.

-BENJI: Porque si bien sería harto peligroso determinar cómo y quién distingue el peso de los votos, resulta cuando menos chocante que el tuyo valga lo mismo que el de personajes tales como Anita Obregón.

-TRIQUI: Porque se cuentan con los dedos de una mano los votantes que verdaderamente conocen el ideario del partido al que votan, de tal forma que las elecciones no dejan de convertirse en un pequeño-gran acto social en el que participamos sin informarnos convenientemente.

-WILLY FOG: Porque los tripartitos de la desinformación (Ser-Cuatro-País vs. Cope-Antena 3-Mundo) nos calientan interesadamente los cascos de tal manera que en todo proceso electoral se respira un clima de tensión y de violencia verbal que se me antoja ciertamente desagradable y contraproducente para el buen entendimiento.

-EPI: Porque últimamente el abismo entre las altas instancias y el ciudadano de a pie es tal que siendo sinceros no podrías establecer grandes diferencias en cuanto al devenir de tu vida cotidiana gobierne quien gobierne. Afortunadamente, que diría aquel, los políticos no son tan importantes como piensan: los de la derecha llevan a sus hijos a colegios de pago y los de la izquierda también.

-BLAS: Porque la política ha dejado definitivamente paso a los banqueros, de tal forma que no importa quién gobierne, pues no se trata de lo que prometan hacer sino de lo que les dejen los amasadores de fortunas.

-COCO: Porque eso de la lucha por las libertades a cuantos nacimos en plena Transición ya nos suena a Edad Media por lo menos, no sintiendo en ningún momento la necesidad de participar en proceso electoral alguno para mostrar nuestro compromiso para con la democracia. Supongo que si alguna vez nos falta el voto, entonces y solo entonces, lo echaremos de menos.

     Como podéis comprobar han sido más los argumentos en contra que a favor, lo cual no ha hecho sino incrementar mi escepticismo. Confiaba ingenuamente en que los debates televisivos de los dos candidatos (el bipartidismo se está convirtiendo en estructural) me aclararan las ideas; no obstante, a cualquier cosa lo llaman debate. No sé ustedes, pero yo lo que visioné fueron mini-mítines de 180 segundos en los que en no pocas ocasiones costaba Dios y ayuda eso de estructurar las frases con su sujeto y su predicado de marras. ¡Si Cicerón levantara la cabeza!
     En fin, que sigo con dudas sempiternas, si bien me puede más el compromiso contraído que otra cosa y procedo a anunciar solemnemente mi decisión (alguno seguro que estará murmurando para sí “¿Y a mí qué cojones me importa lo que finalmente hagas o dejes de hacer?”): VOY A IR A VOTAR.

Almasy©



NINO BRAVO: "Libre"



martes, 26 de febrero de 2008

19. La dura vida del turista tipo


Es frecuente que un buen amigo con el que suelo compartir vacaciones se pronuncie en algún momento de nuestras visitas en los siguientes términos: “¡Qué dura es la vida del turista!” Y no le falta razón. Verán por qué:

El turista tipo suele engañarse a sí mismo incluso antes de salir de viaje. Es así recurrente que indique a su círculo de amistades que va a realizar una escapadita para relajarse. Mentira, si algo no se hace cuando uno se va de viaje es precisamente descansar. En primer término es habitual madrugar por eso de aprovechar el día y evitar las copiosas colas que se encontrará en cuantos monumentos haya decidido visitar. Por lo tanto el día suele comenzar a eso de las 8, para lo cual ha tenido que echar mano del tradicional despertador de todos los días o en su defecto ha solicitado al recepcionista del hotel que le llame por teléfono antes de que cante el gallo a fin de iniciar la dura jornada que le espera. Baja entonces al salón-comedor a desayunar y se comporta como un desnutrido que llevara 15 días sin comer. Tal es así que el que habitualmente se conforma con un triste café recalentado, de vacaciones inaugura su actividad estomacal mañanera engullendo dos o tres croissants, tostadas, café, zumo, cereales, huevos revueltos, algo de fiambre y la pertinente fruta. Además, no es extraño que antes de abandonar el local pertreche su bolso de mano o riñonera con un par de frutas y dos o tres magdalenas con las que saciar el apetito de mediodía. “¡Es para amortizar lo caro que es el hotel!”, suele exclamar para justificar que acaba de zampar como si fuese la última vez. Tras el desayuno sube nuevamente a la habitación y prepara el material que va a precisar en su odisea: cámara, trípode, cartera, móvil, gorra por si azota Lorenzo, pañuelo protege collejas, crema protectora que evite el tradicional moreno cangrejo, gafas de sol, una botellita de agua que sacie la sed en las más que posibles esperas, tiritas y algún que otro complemento que sugieren que tal vez se trate de un soldado mercenario en lugar de un afable viajero.
Previa a la salida del hotel suele hacer una última visita al baño para descargar lastre. Normal, con el desayuno que se acaba de meter su cuerpo no puede sino solicitarle que libere equipaje. Finalmente aborda la calle y antes de llegar al primer monumento ya ha tirado 25 fotos digitales ridículas: a un semáforo, a una tienda, a una señal de tráfico y a un quiosco de prensa, entre otras. Esto con los tradicionales carretes de 12, 24 ó 36 no pasaba. Cada foto era una aventura que no se completaba hasta el regreso, cuando el revelado te confirmaba que no eras especialmente agraciado. Ahora sales un fin de semana y tiras 300 fotos para finalmente revelar las 3 en las que saliste decentemente y eso no tiene mérito. Además, estadísticamente resulta muy triste: significa que solo eres bien parecido un 9 % de tu tiempo.
Llegado a la primera de las paradas el turista tipo observa estupefacto que cientos de personas pueblan ya las colas de acceso a los monumentos. Entonces se lamenta por no haberse levantado a las 6 de la mañana. No obstante, no puede ni debe rendirse, pues la mejor foto es siempre la que se toma en todo lo alto del edificio. Además será la prueba inequívoca que exhiba en el trabajo para demostrar cuán viajero es junto con la retahíla de souvenirs inútiles que adquiera. Finalmente, tras dos horas de espera accede al monumento en cuestión. La normativa establece únicamente 15 minutos de estancia en el mismo, así que en lugar de admirarlo al natural, emplea el tiempo en fusilar de instantáneas la vista. Los más profesionales incluso graban un vídeo con el que luego torturan a las visitas que reciben en su casa. Los vídeos de vacaciones y los de las bodas deberían estar prohibidos, ¿no creen?
Se precipita la hora de la comida y empieza otro nuevo reto: elegir restaurante. En apenas un radio de 200 metros se suceden un sinfín de locales con menú del día que hacen ciertamente difícil la elección. El turista estudia minuciosamente las cartas y precios escritos sobre pizarras con frecuentes faltas de ortografía. Personalmente considero que lo mejor es siempre meterse en el primero que pilles, porque al final el rancho suele ser igual de infame en todos los sitios y al menos no perdiste tiempo. Si el turismo es en territorio nacional recomiendo además dejarse guiar por nombres sin ambages tales como Casa Petri, Taberna Juanito o Venta Carmen. Concluido el almuerzo se avecina la jornada vespertina, o lo que es lo mismo: la segunda etapa del día, en la que toca continuar el maratón de visitas iniciado al alba. Más colas y más fotos serán protagonistas indefectibles hasta que llegue la cena, que en no pocas ocasiones suele saldarse con el embutido y la barra de pan adquirida en el supermercado de turno. Esto último no suele contarse ni sale en las fotos. Finalmente, tras 16 horas de dura jornada, el turista se llega nuevamente al hotel totalmente aniquilado y confirmando la tesis de ese buen amigo que les mentaba el principio de este relato: “¡qué dura es la vida del turista!”


Almasy©



THE REFRESCOS: "Aquí no hay playa"

jueves, 14 de febrero de 2008

18. Votar o no votar, esa es la cuestión




     Apenas a un mes de que se celebren las próximas elecciones generales seguramente más de uno habrá echado de menos un ápice más de contenido político en esta mi bitácora. Créanme que no han sido pocas las tentativas que he realizado en esta línea, pero mi mayor problema reside en que me aburre soberanamente la clase política actual y este hecho necesariamente conlleva mi incapacidad para reflexionar sobre la misma. Líbreme Dios, meigas y meigos, de ser de esos que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero este que suscribe se ha acercado a otros momentos de nuestra historia y ha conocido la talla y el discurso de tantos eximios nombres que el panorama presente resulta desolador. Si me instan ustedes a precisar cronología me quedaría con el abanico de personalidades que poblaron el primer tercio del siglo XX: los Dato, Canalejas, Castelar, Azaña... No me llego a la Transición, pues han sido muchas las horas que he dedicado a su estudio y me sobrecoge la facilidad con la que hoy encumbramos a los Fraga, Carrillo, Suárez y González entre otros. Los dioses del Olimpo sabrán si tal Transición fue buena o simplemente salió bien, que también podría ser. ¡Cuánta hipocresía por ejemplo con la figura de Suárez! Elevado a los altares hoy, empujado a la dimisión anticipada en el 81. Se ha jugado tanto con su memoria que hoy el pobrecito mío, y de esto sí me compadezco, languidece aquejado por el Alzheimer, ¡qué triste paradoja! Me quedo pues con nuestra clase política desde principios del XX hasta la finalización de la Guerra Civil, matizando que de los miembros que la protagonizaron fundamentalmente me remito a su oratoria, su presencia escénica, su verbo. Déjenme que ignore en este escrito las implicaciones ideológicas que irían detrás de cada uno puesto que no es el objeto de esta reflexión.
     En cambio hoy me siento desairado con tanta pose y tanto mercadeo, hastiado del bipartidismo establecido y consentido, consternado con que el electorado español se haya habituado a castigar poco y mal. Siempre pongo a mis alumnos el mismo ejemplo: ¿sabían ustedes que el mismísimo Churchill, decisivo para la victoria británica en la IIGM, no fue reelegido en las primeras elecciones recién culminada la contienda? Eso sí que es saber decir: puede que seas un héroe nacional válido en tiempos de guerra, pero no te consideramos el más apto para tiempos de paz. Con dos cojones, que diría Reverte. Asimismo, me sobrecoge hasta la médula que dentro de esta sociedad harto competitiva en la que estamos sumidos, en la que te piden el graduado hasta para tirarte un cuesco, nuestros políticos adolezcan de una falta de preparación insultante. Me quedo por ejemplo con resaltar el magnífico dominio de los idiomas con el que nos han deleitado todos los presidentes de la Democracia.
     Y como no se trata de herir solo una sensibilidad me van a dejar ustedes que las hiera todas. Eso sí, aclaro por anticipado que no me mueve el simple anhelo de comportarme como un ciudadano tibio que no se alinea con nadie y prefiere criticarlo todo gratuitamente. Es más bien, ¿cómo les diría yo? Intentaré explicarlo con un ejemplo palmario: supongo que todos habéis pasado por la adolescencia, ¿verdad? (algunos ya hace más tiempo que otros, todo sea dicho). Pues bien, la clase política actual podría compararse a cuando tienes 15 años y tu madre te oferta para cenar entre pescado, fruta o verdura. “¡Joder mamá, que a mi edad se comen filetes con patatas fritas! ¡Menuda oferta culinaria me gastas, progenitora de mis entretelas!”
     Parece, en definitiva, que lo obligan a uno a no ser de nadie, situación que me enoja sobremanera, y si ustedes me dejan haré un sucinto repaso del panorama actual a fin de iluminar mi tesis:

-José Luis: actual presidente, cejas Citroën, talante sin talento, aburrido cual película francesa… ¡qué les voy a decir!, si cuando aludo a mis orígenes leoneses y me indican que los comparto con el actual presidente me cuido muy mucho de precisar que él donde nació realmente fue en Valladolid y no en León, cosa que por otro lado es verdad. Tan correcto, tan peripuesto, tan siglo XXI. ¡Qué añoranza sentimos los más cañeros de los momentazos Alfonso Guerra!

-Mariano: el gallego, que no es que te responda con una pregunta cuando se le cuestiona, ¡¿si solo fuera una?! Todavía me pregunto si le aqueja una verdadera dislalia o es realmente el bigote de Aznar el que se le atragantó ha mucho tiempo. Además, ahora Don Carnal y Doña Cuaresma le han dado un Carnaval que puede desembocar en gris ceniza y en entierro, a poder ser con sardina por eso de la conveniencia de ingerir pescado azul.

-Gaspar: no tiene ni a Melchor ni a Baltasar pero tiene a Rosa Aguilar, que no es poco, lo que pasa es que en cuanto sale de Córdoba deben darle cachetazos para que regrese a su Mezquita y no se meta en ríos que no sean el Guadalquivir. A todos los que nos va la marcha añoramos sobremanera a Anguita, que cuando no golpeaba con hoz lo hacía con martillo. ¡Qué tiempos aquellos! De Gaspar me pasma especialmente su verbo fácil y desabrido, muy en la línea de jugar en la elaboración de sus discursos a un recorta y pega con frases extraídas del Manifiesto Comunista, Alicia en el País de las Maravillas y/o Fray Perico y su Borrico.

-Los Nacionalismos: mira que no me gusta ser anti-nada, pero si me obligaran a elegir me inclinaría seguramente por ser anti-nacionalista. Sea del tipo que fuere: español, vasco, catalán, gallego o conquense si lo hubiera o hubiese. Bien nos lo pinten de verde o de amarillo, con bacalao al pil pil, pan tumaca o vieiras de Santiago (yo me quedo con estas últimas gastronómicamente hablando si me lo permiten), el nacionalismo se resume así: ¡yo soy yo porque soy distinto a ti, y ojo con arrimarte que te meto!

     Visto el panorama estoy desanimado, medio “atorrijao”, con la papeleta desdibujada y las hormonas reivindicativas adormiladas y he decidido que no puedo permitirme ni por un momento más seguir sumiéndome en la desesperación militante que me aqueja; por lo tanto, ¿qué les parece entonces si les insto a que me ayuden a dirimir si finalmente acudo a las urnas el citado 9 de marzo para que pueda elegir entre lo malo y lo peor? ¡Ya está el referéndum armado! Les propongo elaborar una entrega blog interactiva y dinámica en esta línea:

De aquí al 7 de marzo ruego me hagan llegar vía email (insisto, vía email y no comentario) argumentos que respondan a la siguiente estructura: DAME UNA BUENA RAZÓN PARA QUE VOTE Y OTRA PARA QUE NO LO HAGA EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES GENERALES. El citado 7 de marzo, tal vez el 8 por eso de respetar la jornada de reflexión, sopesaré los argumentos aportados (insisto mucho en que quiero una razón para el sí y otra para el no, aunque a priori solo se tengan argumentos a favor de una de las dos opciones). Os ruego originalidad por favor, no me jodáis con el manido: “si no votas no puedes quejarte”. Finalmente el día 9 publicaré mi decisión final amén de un recopilatorio de vuestros argumentos, lo que viene siendo un greatest hits, siempre respetando el anonimato de todos cuantos se animen a participar (os lo juro por los plásticos más duros).

Almasy©



GEORGES BRASSENS: "La mauvaise réputation"

viernes, 8 de febrero de 2008

17. El síndrome de Ulises



(Estrés crónico que viene asociado a la problemática de los emigrantes al afincarse en una nueva residencia. El término surge de la Odisea de Homero para referirse a la añoranza sentida por Ulises durante el periplo que le apartó una década de su amada tierra de Ítaca).


Karim era incapaz de conciliar el sueño esa noche. No podía dejar de pensar en el momento de la partida. Le habían dicho que tuviera paciencia, pues había que esperar a que la mar estuviera revuelta. De este modo la patera sería más difícilmente localizable por los radares.
Había tomado la decisión hace algunas semanas, a pesar de los innumerables intentos de su esposa por disuadirle. No obstante, todos sabían que las cosas no marchaban bien. Cada vez le salían menos trabajos y Karim deseaba lo mejor para los suyos. “Será solo temporal”, pensó para sí. “Luego me traeré a la familia y cuando consigamos ahorrar lo suficiente volveremos para montar nuestro pequeño negocio”. “No te engañes”, le iluminaba su mujer. “¿A cuántos conoces que volvieran? ¿Sabes de alguna familia que no se rompiera definitivamente? ¿Qué piensas que encontrarás allí, el paraíso?”. Sin embargo, Karim pensaba que era la mejor decisión, tal vez la única.
Le habían dicho que no podía portar en la travesía más que un pequeño hatillo con sus enseres más personales. Karim solo tenía dos cosas de valor: la foto familiar que le había regalado aquel bizarro fotógrafo errante que un buen día apareció en la aldea y la camiseta de Ronaldinho que su prima Sula le había hecho llegar dos primaveras atrás.
De repente sonaron unos golpes secos en su maltrecha puerta. “Es la hora”, anunció una voz que Karim fue incapaz de reconocer fruto de la excitación que le invadía. Se levantó sigilosamente y amarró sus pertenencias. Intentó en vano no despertar a su mujer, pues ella tenía el sueño ligero. Se miraron un instante. Ella lo acarició al tiempo que se secaba torpemente la ingente cantidad de lágrimas que anegaban su rostro. Karim fue incapaz de devolverle la mirada, simplemente susurró un sincero “juro que volveré”.
Los viajeros fueron conducidos con los ojos vendados hasta un recóndito puerto donde los esperaba una ridícula embarcación. Karim había sido pescador y rápidamente entendió la locura que suponía tripular aquella nave. Cerró los ojos unos instantes, apretó los puños e intentó bloquear su mente. El resto de los nómadas no mutaba palabra alguna. Se limitaron a mirarse fugazmente. La travesía comenzó violentamente. Un golpe de mar a punto estuvo de mandar al traste la aventura apenas habían zarpado. El deseo de abandonar su hogar los mantuvo a flote. No obstante, el temporal empezó a arreciar con fuerza y el miedo se apoderó de los tripulantes. Un par de fuertes olas seguidas sacó a tres mujeres de la patera. Nadie hizo amago alguno por socorrerlas y en unos pocos segundos se perdieron en las agitadas aguas. Karim se aferró a su grueso clavo que sobresalía peligrosamente de estribor. En condiciones normales solo hubiera servido para reventar la mano de algún marinero despistado. Para Karim significó un bastión al que aferrar sus esperanzas. Súbitamente el temporal comenzó a amainar y entre los aventureros se escapó alguna tímida sonrisa de alivio. El viento se suavizó y la temperatura se tornó más cálida. Incluso la embarcación parecía un firme velero a punto de resultar vencedor en una regata. Se oyeron entonces las primeras palabras desde que salieron: “lo peor ya pasó”, alcanzó a escuchar Karim.
Repentinamente un fogonazo de luz los deslumbró acompañado de una punzante sirena. El viaje había terminado.
Al cabo de dos semanas Karim fue repatriado. Su esposa lo recibió con un tierno beso a caballo entre la desolación por la fallida empresa y la alegría por tenerlo de nuevo entre sus brazos. Después de todo Karim cumplió su promesa: había vuelto a casa.

Almasy©



AMISTADES PELIGROSAS: "Africanos en Madrid"